A veces contar la historia de una sociedad sumergida en la violencia a causa del hambre y la falta de educación es muy difícil. Es complejo poder evitar lugares comunes que conviertan a una película en un hecho absolutamente subjetivo. Tratar de reflejar cómo se vive, lo que se siente, lo que realmente sucede es tan complicado como tener que elegir un lado como protagonista de una película sin realmente inclinar la balanza hacia ese lado.
La película “Troupe de Elite” o Tropa de Elite como se traduce al español, claramente no cumple la regla de objetividad, ya que se pone de un lado en el relato. La historia nos muestra la vida y profesión de un grupo de choque de la policía federal de Brasil. Desde la mirada de estos protagonistas, somos testigos de un film muy crudo que refleja una parte de la sociedad, pocas veces utilizada como mirada principal.
Es común compartir la visión desde la pobreza, un individuo que lucha por su supervivencia en una sociedad que no le da posibilidades de avanzar o tal vez desde un narcotraficante que ha tenido una vida difícil y desea salir de aquello en lo que esta involucrado. Desde Tropa de Elite, conocemos la realidad de la policía que intenta luchar contra una delincuencia y el tráfico de drogas instalado en todas las escalas sociales.
En Brasil, el país más grande y con mayor población de América del Sur, la ciudad de Río de Janeiro es aquella que alberga la mayor cantidad de “favelas” (pequeños pueblos donde la delincuencia controla las calles, tienen sus propias reglas y las fuerzas de seguridad tiene muy poco acceso). La policía de Río de Janeiro durante años ha combatido contra el delito, que claramente es casi incontrolable o a lo sumo
cercable. Para poder combatir estas olas de violencia que se llevan millones de vidas por año, la policía local ha creado una fuerza especial llamada BOPE: Batallón de Operaciones Policiales Especiales.
El BOPE fue creado el 19 de enero de 1978 como el núcleo de la compañía de Operaciones Especiales (NuCOE) a través de un proyecto elaborado y presentado por el Capitán PM Paulo Amendola Cesar de Souza para el Comandante General de PMERJ, Coronel del Ejército de Brasil Mario José Sotero de Menezes.
En la década de 1980, fue elevado a la categoría de Compañía de Operaciones Especiales (COE), cambiando poco después de nombre para obtener autonomía administrativa, siendo Compañía Independiente de Operaciones Especiales (CIOE). En 1991, se convirtió en Batallón, perteneciendo aún al Reglamento Mariscal Caetano de Farias, sede del Batallón de Policía de Choque, entre otras unidades policiales.
En el año de 2000 obtuvo instalaciones propias, ubicadas en la favela Tavares en el suburbio de Catete en la Zona Sur de la capital Fluminense.
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