Lo peor puede convertirse en algo mejor, y Sherlock Holmes, una gran película cuando se habla de diálogos e imágenes para deleite del espectador. Robert Downey Jr. es Holmes, Watson, Jude Law, Guy Ritchie el hacedor principal de un nuevo clásico inesperado.
¿Quién hubiera pensado que un día podríamos hablar así de una película de Guy Ritchie? Sin restricciones, con el deseo de quererlo y admitirlo en mi redil de directores amados.
Largometraje manierista de un pequeño aprendiz de Scorsese, el cineasta británico había utilizado un cine moderno falso y saturado de efectos exagerados. En resumen, el epítome de la vulgaridad para algunos en busca de la complacencia del espectador, que encuentra un formalismo propio de un clip musical con unas gotitas de la mala leche de Tarantino. Quién iba a decir que hoy tendría que hablar de la finura antitética de la nueva adaptación de Sherlock Holmes, una peli que hará las delicias de los fieles y amigos de lo fantástico.
Ya era de imaginar el regreso de La Liga de los Hombres Extraordinarios, un gadget de películas, digitalizada, impura, sujeta a un régimen en el que los personajes dramáticos se ahogan en el bote de laca del maquillador. Falso: En Sherlock Holmes no se niega a actualizar el héroe de Conan Doyle con sus colores y estética vagamente cómic, pero en ningún caso me ha parecido una traición al personaje literario (muy por el contrario, la trama y el universo son muy fieles). Así Guy Ritchie frustra todos nuestros prejuicios. No es que él se niegue a sí mismo, su estilo se encuentra aquí y allá, la firma, sino que ha dirigido el proyecto con un ritmo, estilo y facilidad que no imaginábamos ni en nuestros mejores sueños. Sherlock Holmes es su obra maestra, sin vacilar, y una película que me ha gustado mucho.

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