Cine negro, Directores

“Una historia de violencia”: Antes de “Promesas del Este”

Por kappuz95, en 16 de Marzo de 2008

Una historia de violenciaTom Stall vive en Millbrook, Indiana, cuando un par de criminales intentan robar su cafetería. Tom, impulsado por el riesgo que corren quienes están con él en ese momento, actúa de forma inesperada. Con sorpresiva habilidad, los desarma de forma brutal y les dispara como si fuera un profesional entrenado. Convertido en héroe local, su imagen recorre los noticieros pese a que el preferiría mantener su perfil bajo. Carl Fogarty es el siguiente en llegar y, una vez en la cafetería, empieza a referirse a Tom como “Joey”, Joey Cusack.

Si bien, originalmente, el guionista Josh Olson se basó en la novela gráfica del mismo nombre de John Wagner y Vince Locke, el producto final se aleja bastante, cambiando nombres, locaciones, incluso modificando los conflictos que se disparan a partir de la aparición de este aparente pasado siniestro que oculta Tom.

La filmografía de Cronenberg es ecléctica, pero siempre se había caracterizado por elegir otras situaciones estructurales. Usualmente, sus personajes ya se hallaban en un estado de desequilibrio, o protagonistas de un mundo entre la ciencia ficción o lo fantástico. El mundo en que debían sobrevivir sus personajes era terrible, cruel, sin lugar para el amor. Con “Spider” (2002), que se ocupa del mundo visto desde un psicótico paranoide, Cronenberg había ensayado sobre la elaboración de un universo armado sobre piezas más sutiles y ambiguas (aun más). En “Una historia de violencia”, es, quizás, la primera vez que el realizador ensayaba sobre otra línea argumental.


Lejos quedan las perturbadoras “The Brood” (1979), “Scanners”(1981), “La Mosca” (1986), las fantásticamente perversas y retorcidas “Inseparables” (1988) o “Festín Desnudo” (1991). “Festín…”, a su vez, conecta con “Crash” (1996), que, desde la Ciencia Ficción, lo lleva a “ExistenZ” (1999). En todos estos films, reincide la imposibilidad de relacionarse afectivamente de forma real; todo amor termina, inevitablemente, en una instancia de completa destrucción. El mundo no es un espacio donde se pueda restablecer el balance, sino que su falta es la regla, lo natural. Los sentimientos per se son intrínsecamente nocivos para sus personajes, los devoran, los consumen. Si no sienten, están muertos, pero, si lo hacen, se disuelven en ellos. En Cronenberg, no hay equilibrio entre lo apolíneo y lo dionisíaco.

Una historia de violencia¿Por qué Fogarty lo llama Joey? Más importante aun, qué hace en Millbrook, por qué lo busca. Lo acusa de haberle deformado el rostro veinte años atrás, pero ese no es el motivo por el cual ha venido al pueblo rodeado de matones. Es el pasado, es la oscuridad que vuelve.

Principio y final son simétricos. El presente del inicio, idílico, muestra a Tom con la familia ideal, de gente respetuosa, que se quiere y se cuida. Hay, incluso, una escena erótica en ese comienzo, donde la seducción queda establecida como un juego cariñoso donde predominan los colores claros. La intervención de Fogarty no viene, exactamente, a destruir esta armonía sino, a los ojos de la narrativa de Cronenberg, a traer el desequilibrio inherente al ser humano. Nada es del todo bueno, y por más que Tom, o quien quiera que sea, se esconda en este pacífico pueblito, el caos es la norma, y sólo los más fuertes sobreviven al caos.

Esta sombra que va cubriendo a los Stall afecta a sus integrantes. El hijo de Tom comienza a tener problemas en el colegio. Su propia mujer se transforma delante de sus propios ojos. No es solamente él el de la duplicidad. Lo que observa con tristeza, sin embargo, es cómo la de sus seres amados emerge a la superficie.

El ojo que mira es el de Tom, es su subjetividad la que impregna todo a su paso, la que brinda u oculta información. Para Cronenberg, es partir de una situación inversa a la de sus personajes anteriores. Para ellos, el estado de desequilibrio era algo natural, así como sus tragedias o perversiones. En el final, ninguno llegaba a un sufrimiento profundo, porque aceptaban su condición (incluso si esa aceptación implicaba la propia aniquilación). Acá, en cambio, al protagonista lo invade la angustia de saber que lo que le tomó veinte años y que ahora está perdiendo, jamás habrá de recuperarlo. Es por eso que los sonidos se van reemplazando por silencios duros, interrumpidos sólo por actos de violencia y crueldad sin miramientos.

La paleta cromática, sin modificar esencialmente los colores, se va volviendo más contrastada, más fría, más opaca, a medida que las sombras van cubriendo el hogar de los Stall.

En su reciente film “Promesas del Este”, Cronenberg vuelve a usar a Viggo Mortensen en el rol protagónico. La diferencia es que Nikolai, el mafioso que Mortensen interpreta en “Promesas…”, no reniega de su naturaleza violenta: la acepta, así como también es muy consciente de los pasos que debe seguir para acceder al destino que busca. Tom no, él quisiera hacer desaparecer lo que Nikolai abraza. Mientras que éste renuncia a todo por alcanzar sus objetivos materiales, Tom intenta despegarse de estos en favor de una meta de estabilidad emocional. También la contraparte es una mujer rubia, aunque con características contrastantes. Edie, la mujer de Tom, detrás de su dulzura, esconde la dureza del superviviente; Anna posee la resistencia de quien se niega a creer que el mundo es todo malo e incorregible (como, casualmente, Tom Stall), y, por eso mismo, debe ser protegida, incluso de sí misma.

Una historia de violenciaLa estructura narrativa sigue la línea de un cuento, no tanto de una novela. Los personajes se construyen desde su armado exterior y sus acciones, así como desde la ambientación y el contexto que los rodea. Asimismo, Tom sigue el camino del héroe, pero en una curiosa reversa. En el cuento tradicional, el héroe avanza por su camino, para salir del otro lado modificado, cambiado para mejor, habiendo aprendido algo. Acá, sólo para poder retornar al lugar en que está ahora, para dejar atrás su pasado, debe enfrentarlo realmente, dejar de huir. Pero hacerlo es, a su vez, contaminar su presente, quizás sin remedio. No hay restablecimiento del orden, no hay redención real.

Enlaces externos:

David Cronenberg por Ashley Alliinson
Estudio de David Cronenberg
Entrevista a David Cronenberg
Entrevista a John Wagner
Entrevista a Josh Olson

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