El asesinato de Elizabeth Short a mediados del siglo pasado conmocionó a todo Los Ángeles, dada la sevicia con que el cuerpo de la joven fue destruido por su desconocido asesino. En 1986 James Ellroy escribió un libro sobre el caso, denominado “La Dalia Negra“, el que presentaba su propia hipótesis sobre un criminal que hasta nuestros días permanece en un total anonimato.
Ellroy escribió está novela, que daría inicio a su ciclo sobre libros de carácter neo-noir sobre Los Ángeles en los años 40 y 50 del siglo pasado. Más conocido es el escritor por la adaptación que otro de sus libros se hizo para el cine: L.A. Confidential. Gracias a la publicación de estos libros, los que están escritos en clave tipo Dashiell Hammet, Raymond Chandler, James M. Cain o W.R. Burnett, es que se estableció a Ellroy como el mejor exponente del movimiento de novelas criminales neo-noir.
La primera persona encargada para llevar a cabo la adaptación de la novela fue David Fincher, quien quería hacer una mega producción de 3 horas en blanco y negro, con Mark Whalberg como protagonista. No obstante, sería Brian de Palma quien tomará las riendas y llevara a cabo la adaptación. Lamentablemente para nosotros, lo que la Dalia Negra demuestra es que De Palma era, más no es, el “maestro del suspenso”, dejándonos con la especulación y las ganas de ver lo que podría haber hecho el director de “Seven”.
De las cosas que más llaman la atención de “La Dahlia Negra“, es que tenía todo para ser una gran producción, que realzara la carrera del cada vez más malogrado director. Gracias al brillante trabajo en la fotografía del veterano Vilmos Zsigmond, y en el hermoso diseño de producción del inmenso Dante Ferreti, la película parece sacada de la época de oro del cine negro, con callejones mal iluminados, interiores muy sombreados con luces entrecortadas por las persianas, autos y vestuario muy clásicos de la época y el humo y niebla que acompaña siempre a estas historias. El productor de la película es nada más y nada menos que Art Linson, la música estuvo a cargo de Mark Isham y está protagonizada por Josh Hartnett, Aaron Eckhart, Hilary Swank y Scarlett Johansson. Todo un equipo de lujo.
Sin embargo, la adaptación del libro a la pantalla fue encargado al poco talentoso Josh Friedman, quien no tiene nada para demostrar hasta el día de hoy (Reacción en Cadena, Guerra de los Mundos). Y es desde allí donde esta película arranca mal, dado que la historia se demora mucho en comenzar y se toma muy poco tiempo para concluir. Una razón del fracaso del producto final se debe ver en que De Palma tuvo que cortar su película de 3 horas a sólo dos. En ese sentido es claro como al final se comienzan a resolver los misterios de manera abrupta, sin dejar el tiempo necesario para intrigarse o sorprenderse por cada una de las nuevas revelaciones.
Es de resaltar las claras inteciones de reconstruir el mágico universo noir que de los años cuarentas y cincuentas el artista tuvo. Los personajes de los detectives, la dureza de ellos, su adicción al cigarrillo y su constante uso de gabardinas; la narración por medio de la voz en off; la femme fatale que usa su sexualidad para lograr sus metas. Sin embargo, en lo más importante, y que es la razón por las que esas obras maestras logran cautivar a quien se las vea hoy en día, está ausente en toda la película: una historia compleja pero muy desarrollada visualmente.
En ese sentido no había mejor director para llevar a cabo este film, dado que no ha habido nadie como el realizador de Scarface en el uso de una narrativa meramente visual. Igualmente había sido con este tipo de producciones que el director se dio a la fama, logrando manejar el suspenso, la antelación, el tempo cinematográfico como un verdadero maestro. Mucha falta que hizo todo esto en esta película.
En este tipo de historias, es muy fácil caer en la tentación de declarar a alguien como el asesino, puesto que dado que las autoridades no lo han logrado, es una interesante manera de concluir de manera sorpresiva para el espectador. Un buen intento en ese sentido hubo, al relacionar las cicatrices faciales de la víctima con el clásico del cine mudo “The Man Who Laugh“, y desde allí descubrir al brutal asesino. Sin embargo, la verdad es que en los casos donde esto se hace (otro ejemplo de un final que resuelve un misterio que hace parte de la cultura popular es “From Hell” de Albert Hughes) la película no funciona del todo, porque al parecer por alguna razón es mucho más logrado cuando como espectadores salimos de la proyección preguntándonos quién pudo haber sido, como fue el caso de Zodiac, de David Fincher.
Una de las razones para que esto suceda, es que la fascinación con estos casos radica principalmente en el morbo que sentimos por la bestialidad del crímen, pero también por el desconocimiento de quién pudo haber hecho algo tan cruel. Mientras la duda sobre el autor se mantenga, existe en nuestra naturaleza de seres humanos la inclinación natural a la intriga, a la especulación e incluso al chisme sobre los involucrados en el caso. De esa manera la película logra generarnos más intriga sobre el hecho, obligándonos a irnos con la historia una vez la proyección ha finalizado.
Sí una película logra jugar con eso, nos hace participes de un suceso que genera emociones para nosotros, colocándonos en el papel de espectadores privilegiados de la misma forma que lo fueron los contemporáneos al asesinato; pero sí al final resuelve el misterio, se pierde nuestra relación sentimental y natural con la historia que se nos está contando, dado que no tenemos nada por imaginar o preguntar, olvidándonos de la película una vez está ha terminado.
Es una lástima cuando una película con tantos nombres importantes y con una historia tan interesante por contar se ve tan malograda al final, especialmente cuando parece tener todo el potencial para que se fuera a convertir en el renacer de uno de los directores más atractivos del siglo pasado.


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2 Comentarios en “La Dalia Negra”
Hola, me presento. Soy Jose Luis Romero, barcelonés, y acabo de publicar mi primera novela, una novela negra, con tiros y todo, que transcurre en la Barcelona actual. ¡Que miedo!
Os dejo (con vuestro permiso) un pequeño extracto y la dirección de mi blog blog.
…En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo….
…Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita, una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida…
Extractado de SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M…
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[...] que es la anticipación al disparo lo que causa el miedo, no el disparo en sí mismo. Eso es De Palma, es Hitchcock, es cine en su más puro [...]