“En el verano de 1.989, un trabajador de una video tienda de 25 años, aficionado al cine, vendió un guión por menos de lo que gana un taxista en promedio al año. El cine moderno nunca volvería a ser el mismo.”Pulp Fiction, The Facts.
Hubo algo en el tándem de películas que hizo Quentin Tarantino a principios de la década de los noventa que habrían de redefinir el cine hasta nuestros días. Reservoir Dogs, pero muy especialmente Pulp Fiction, lograron paralizar por un momento la industria del cine mundial, con la intención de lograr entender que había en estas películas que tenían extasiado a medio planeta. Después de haber conmocionado a propios y extraños con su ópera prima en el Festival de Cine de Sundance, Tarantino y Miramax estrenaron Pulp Fiction en el Festival de Cine de Cannes en 1.994. Como es de todos sabidos, la película se llevó la Palma de Oro ese año, pero su camino en la historia del cine no había hecho más que comenzar.
La película tiene muchos elementos que impactaron a cualquiera de los cinéfilos que corrierron a las salas de cine a ver de lo que todo el mundo estaba hablado. Su crudeza, el tratamiento de la violencia, los clásicos diálogos, la novedosa música, los escenarios retro, la cantidad de información pop-cultural, y de especial manera, su narrativa no-lineal por capítulos en vez de actos. Pulp Fiction tenía todo para convertirse en una película de culto que hiciera temblar las bases del cine mundial.
Lo primero que impactó de esta película fueron sus largos pero muy entretenidos diálogos, que el propio Tarantino escribió. Pero como él mismo ha dicho mil veces, lo que hizo grandes esas frases fue la gente que consiguió para que los dijeran. Y es precisamente allí, donde me parece a mí que la verdadera grandeza de este artista se encuentra, la que no radica tanto en las frases que escribe, sino en que tiene un talento increíble para encontrar las personas que mejor las dicen. No son las más grandes estrellas, sino los actores indicados para que reciten sus palabras de la manera que mejor combinan con toda su creación.
John Travolta era un actor absolutamente desprestigiado en esa época, Samuel Jackson no era muy conocido, Uma Thurman se iba a retirar del cine para cuando Tarantino la escogió, Tim Roth no lo había escuchado nadie; en fin, fue un casting que impactó a todo el mundo por lo novedoso de las estrellas, así como por lo bueno de sus actuaciones.
En esta película el papel de John Travolta es uno de los más interesantes aspectos a rescatar. El asunto radicaba en que el actor no quería encarnar a un adicto a la heroína, quien además tuviera que verse inyectando una dosis de su droga. Hoy parece una locura si quiera pensar en eso, pero para la época era algo absolutamente sensato la posición de Travolta, dado que era un papel que era muy mal visto, en un mundo en donde la guerra contra las drogas estaban en pleno furor a nivel mundial, justo después que Bush padre fuera a dejar la Casa Blanca. Este era un papel que hubiera podido enviar al actor a un hueco más profundo del que se encontraba. Pero la decisión y el convencimiento de Tarantino lo llevaron a establecerse de nuevo como la gran estrella que hoy es.

De la violencia, personalmente lo que más me gustó fue la capacidad de Quentin para hacer estremecer a todo el mundo, cumpliendo la máxima del cine de que menos es más. Cuando vi Pulp Fiction en cine tenía 13 años, y me tocó rogarle a la registradora que me dejara entrar a verla, por qué según ella, muy conocedora de psicología infantil y del impacto de la violencia cinematográfica en la sociedad, ese tipo de películas no eran recomendables para un menor de edad y podrían afectarme gravemente hasta llegar a convertirme en algún asesino en serie cuando fuera mayor. Al final la pude ver, me encantó y me volví escritor a la edad adulta. Sin embargo, lo que la eminente cajera pensaba de la película no era más que el sentir popular de todo el mundo en esa época: y era que el film era muy violento y sangriento, cuando la verdad es que no lo es.
En una entrevista que hay grabada entre De Palma y Tarantino, que se hizo después de Reservoir Dogs, el joven cineasta le recuerda a su ídolo de la infancia que las personas que filman violencia son criticadas cuando lo hacen bien; sí lo hacen burdo y al estilo gore, a nadie le importa, desprecian las película y ya, pero sí lo hacen bien los afecta y terminan criticando lo que vieron.
Esa entrevista me generó la duda sobre qué es filmar la violencia bien, cuáles son los requisitos para que la se pueda definir como bien filmada y editada. Creo que la respuesta radica en precisamente la capacidad que esta tenga de afectar a las personas: si un autor logra que el público que ve su película se altere con la violencia que ve en la pantalla, la que está allí con un fin dramático, sin nada gratuito, eso es filmar bien la violencia.
Y en ese sentido Tarantino es un genio. Pongamos por ejemplo una de las escenas más recordadas de todo el film, cuando Jules (Jackson) visitó a Brett (Frank Whaley) con su amigo sicario Vicent Vega (Travolta). Es una de las escenas más duras de todo el film, pero bien analizada no tiene nada que la haga cruda o sádica, como algunos la llamarón alguna vez, y la que de manera increíble está escrita en clave de comedia.
En una escena con esas calificaciones, es bueno saber que el primer grito que hay llega a los 3 minutos de comenzada, que el primer disparo se hace después de 4 minutos, que cuando Jules bota la mesa del desayuno son casi 5 minutos y cuando por fin matan al joven han pasado 6 minutos y medio y, al momento de la muerte, los asesinos se demoran tres segundos en matar al joven y sólo vemos los impactos de los disiparos en él en un plano de menos de un segundo.
El asunto con esta particular parte del film, es que se maneja de manera muy inteligente la tensión que el espectador siente, con lo que cuando llega el momento en donde se asesina al joven traidor, había tanta de ésta en nuestro cuerpo que esta sencillamente estalló. La manera en que Jules habla, los nervios que sienten los jóvenes que están esperando en la casa, la calma con la que Travolta se mueve, los ángulos de cámara que hacen ver a Jules tan intimidante, la fuerza de su voz: son estos los elementos que nos asustan, no los disparos. Con cualquier escena de la película se puede hacer ese mismo estudio, encontrando en cada una de ellas que es la anticipación al disparo lo que causa el miedo, no el disparo en sí mismo. Eso es De Palma, es Hitchcock, es cine en su más puro estado.
De las cosas más valiosas que tiene este artista es su inmensa sinceridad consigo mismo, lo que le ha traído muchos contradictores pero muchos más seguidores. Quentin Tarantino fue alguien que pasó la mitad de su vida viendo películas, escuchando banda sonoras y música de negros, y leyendo libros. Por eso sus películas son sobre películas, sus guiones son como libros y su música es tan particular, no podría ser de otra manera. Hacerlo diferente hubiera sido mentirse a sí mismo.
Por eso es que vemos que el famoso Ezequiel 25:17 no es algo que él se haya inventado sino que fue tomado de una película de Sonny Chiba, el famoso baile de Vincent y Mia (Thurman) tiene antecedentes muy claros en “¿Quién le tiene miedo a Virgina Wolff?” de Mike Nichols o en “Bande à Part” de Jean Luc Godard, o que la famosa escena de la adrenalina tiene un importantísimo antecedente en “American Boy” de Martin Scorsese.
Sin embargo no creo que eso lo demerite para nada, si tomáramos cualquier plano de cualquier película, veríamos que sus influencias artísticas vienen de cualquier lado; la pintura, la arquitectura, las cerámicas y, por supuesto, también del mismo cine. Nadie ha llamado, ni debería llamar farsante a Martin Scorsese por utilizar a Caravaggio como modelo para iluminar algunas de sus películas, o a Kurosawa por estar tan influenciado por el arte y la literatura japonesa.
Pocas películas han tenido el impacto tan profundo que tuvo esta en la sociedad y en la cultura, tocando retrocedernos casi hasta “El Padrino” o la “Guerra de las Galaxias” para encontrar un ejemplo de igual trascendencia. Fue de las más importantes de toda la década de los años noventas, un éxito inmenso de taquilla, reconocimiento de la crítica, el público y los premios mundiales, siendo uno de esos extraños momentos en que una película logra aportar algo de manera importante al cine, convirtiéndose con eso en una de las más importantes de la historia.




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1 Comentario en “Pulp Fiction”
[...] actuo en películas como “A Civil Action” y “Get Shorty” junto a John Travolta, “Crimson Tide” y “True Romance” de Tony Scott y “The Juror” [...]