Cine Independiente, Musicales

“24 hours party people”, la resaca de una gran fiesta

Por , en 17 de Abril de 2008

Portada

“Observad: aplauden al dj. No a la música, al músico o al creador. Al medio. Aquí está: el nacimiento de la cultura rave, la beatificación del ritmo, la era del baile. Bienvenidos a Manchester” (Steve Coogan como Tony Wilson).

Así describía Steeve Coogan (al interpretar a Tony Wilson) el espectáculo musical y de baile que veía a su alrededor en The Hacienda, una discoteca de Manchester que fue el centro neurálgico de los nuevos estilos musicales de los 70 y 80. Wilson, personaje y narrador, es el eje a través del cuál discurre la película que nos ocupa, pero antes de abordarla intentaremos aclarar un dato crucial ¿por qué elige el director a un productor y presentador de televisión como vehículo narrativo de un film que trata sobre mitos como Joy División, New Order o The Happy Mondays? ¿Por qué no eligió a Ian Curtis, líder de “Joy Division” o a los hermanos Ryder de “The Happy Mondays”?

Michael Winterbottom usa un estilo cercano al falso documental para acercarse a casi veinte años de música, de desarrollo de nuevas tendencias y gustos estéticos. Esta elección narrativa le obliga en cierta medida a buscar una figura central que exponga los acontecimientos. No hay ningún grupo o líder musical de la época que pueda comprender un periodo de tiempo tan extenso como el que pretende abarcar Winterbottom. Todos son estaciones en un viaje muy largo que sólo Tony Wilson recorre, su mirada y vivencias dotan de cierta coherencia y unidad a la película ¿Pero quién es Tony Wilson?

“Las compañías grandes son el status quo. Nosotros somos anarquistas. Será una cooperativa. Compartiremos los beneficios. Si no os gustamos, os largáis. Escribiré que no hay contratos con mi propia sangre”(Tony Wilson).

Tony WilsonCon esta frase queda definido el carácter del protagonista, un excéntrico (a veces cómico) presentador musical de una televisión local de Manchester (Granada Televisión) que se lanza a la producción musical para cambiar la realidad establecida. Aunque el personaje, como la historia, está basada en hechos reales, se deforma la realidad a propósito en busca de una figura mesiánica, catalizadora de todos los cambios de una gran época. Se busca su mitificación. Y esta es la perspectiva con la que hay que analizar la película, como una historia basada en hechos reales pero deformada para convertirse en ficción; no como un documental (aunque en ocasiones el director no se defina y se quede a medio camino). Winterbottom propone una fusión formal de la realidad y la ficción imitando descaradamente la apariencia de las imágenes documentales. Así, en las recreaciones, el diseño de producción, el vestuario y la elección de los formatos y estilos de realización se calcan respecto a las imágenes reales, de manera que al combinarse, la mezcla resulta prácticamente imposible de descomponer.

El carácter mesiánico de Wilson se ve reflejado desde una de las primeras escenas de la película, la semilla de todo lo que germinará después; un concierto de los Sex Pistols en el que podemos encontrar entre el público a unos pocos elegidos (que todavía no eran conscientes del papel que jugarían en el cambio musical y artístico que se avecinaba): actuando, Sex Pistols (cogen el relevo de Buzzcocks, lideres musicales del momento que se disuelven inesperadamente), un grupo que tan sólo editó un disco pero que significó un auténtico terremoto en el panorama británico, su himno, “Anarchy in the UK” es una canción llena de referencias a William Butler Yeats o Plutarco. A pesar de su corta carrera se convirtieron en uno de los grupos de rock más influyentes de la historia. En The filth and the fury queda reflejado su aire de leyenda, de este documental son algunas de las imágenes que se mezclan con las grabadas para la película (elemento enriquecedor que Wintterbottom usa con buen criterio en la primera parte del film). Al evento también acudieron, además de Devoto y Shelley (los ya ex Buzzcocks), Tony Wilson y su esposa, Ian curtis, Peter Hook y Bernard Summer (posteriormente serían la base de Joy División), Morrisey (lideró The Smiths y no permitió su inclusión en esta película) y Mike Hucknall (Simply Red).



A nivel técnico esta escena es la cima de una película que va perdiendo sus energías ante demasiados frentes abiertos; la cámara se mueve perdida, sin rumbo, poseída por el poderío musical de los Pistols, contagiada de la concentración de fuerzas y miradas poderosas del lugar, muestra a unos y a otros sin orden (es el comienzo del movimiento, del desenfreno). El único momento en que la cámara deja de girar es cuando Wilson le habla para describir el momento y a los asistentes (42), la música entonces baja a un segundo plano y se contiene la euforia para de nuevo dejarla fluir al acabar de hablar “el Mesías”. Otros de los aspectos que refuerzan el valor mesiánico de Wilson son las referencias que se hacen a hechos religiosos: la última escena en la que ve habla con Dios, la necesidad de firmar el pacto con sangre, la creación de un lugar común de reunión para la comunidad The Hacienda, su gran carga idealista, una estética primera cercana a la imagen cinematográfica construida para representar a Jesucristo etc.

Hacienda

Tony Wilson desea que Manchester sea un nuevo eje cultural, figura predominante en la música indie y está dispuesto a sufragar las necesidades de los artistas sin mirar el beneficio económico, solo para cumplir el sueño de transformar una ciudad desolada por la reconversión industrial en un paraíso para los nuevos sonidos y grupos musicales.
Ya en su espacio en Granada Tv prevé un nuevo cambio en el orden reinante de la música punk, una especie de muerte de las leyendas y de las discográficas del momento. Comienza dando oportunidades a grupos de la última hornada del punk para acabar siendo manager de The Happy Mondays, uno de los grupos precursores de la música dance, los Dj’s y la entrada de las nuevas drogas.

La música, además de ser parte del film, contenido, también es continente, es decir, envuelve la película marcando los tiempos de la misma y la dota de estilo propio. La película se divide en 2 actos para remarcar la nacionalidad británica de la música incluida (se distancia de la costumbre estadounidense de clasificar la música en un solo acto).
El comienzo del largometraje, primer acto, tiene a Las walkirias de Wagner como banda sonora, con las imágenes de Tony Wilson realizando un reportaje en parapente para Granada Televisión. La segunda parte o acto como prefiere denominarla Steve Coogan, actor que encarna a Tony Wilson, se abre con los hermanos Ryder, futuros Happy Mondays, dando de comer alimentos envenenados a miles de palomas que consecuentemente van cayendo sobre la terraza del edificio en que se encuentran como si fueran misiles que caen en la ciudad (se convierte así en un leit motiv estructural). En ambos casos Las Walkirias de Wagner acompañan las imágenes. En cierto modo, es como si los hermanos Ryder (hasta ese momento unos pseudo delincuentes de poca monta), fueran a provocar un auténtico terremoto. La película da un giro tras la muerte de Ian Curtis (cierre del primer acto).
Segundo actoEl tono serio y pausado que había seguido la película hasta el momento cambia de repente y se transforma en una aceleración permanente, que de la mano de la música va perdiendo coherencia y control. Los colores también cambian, se pasa de los tonos oscuros propios del post-punk (que curiosamente generan optimismo y coinciden con al etapa de bonanza de The Factory) a los tonos psicodélicos y luminosos. La película nos muestra la evolución de la productora de Wilson, que vive en la cresta de la ola hasta que el desenfreno y el ritmo vertiginoso que nos muestra el segundo acto del film, se la traga y la hace desaparecer. La peculiaridad de que los artistas sean los dueños de todo y la empresa de nada, es sin duda una exageración de la realidad, es una mitificación de la utopía y devoción de Wilson, con el que el director Winterbotton homenajea al presentador inglés. Es un paradigma de la música, el último bastión anti-mercado en la música. Fue un sueño que duró unos años, pero que sirvió para refrescar la industria y las ideas. Es un reflejo de la lucha entre idealismo y capitalismo. Para Tony Wilson el ideal de música es una semilla que germina y que se dispersa a través de la gente. Durante el cierre de The Hacienda le habla a sus “discípulos” para que propaguen “la buena nueva”.

Mención aparte merecen los grupos que aparecen en el film en un primer plano: Joy División, New Order y Happy Mondays.

Tras la resaca del punk y casi sin descanso para el espectador nos metemos de lleno en el devenir de Joy Division, liderados por Ian Curtis, todo se les pone de cara, pero algo alrededor del grupo “huele mal”, hay una sensación constante de fatalidad, que el director plasma a través del blanco y negro de sus actuaciones y de la virulencia exagerada con la que nos muestra a Ian Curtis cantando. Todo desencadena en el suicidio de Ian y el fin del grupo. “Transmission”, “She’s Lost Control”, “Atmosphere” o “Love Will Tear us Apart” son algunas de las canciones que aparecen en el metraje.

Ian Curtis

El segundo acto cuenta con el renacer de Joy Division en New Order, que también aparecen reflejados en la película y en la banda sonora con su “Blue Monday” o “Here To Stay” (en colaboración con Chemical Brothers), son representantes del nuevo estilo musical que llega con los 80 y que tiene en la música electrónica su más fiel aliado.
El pop, el house, la electrónica, el rock, todo se funde en un nuevo estilo indefinido, al que los Happy Mondays vienen a dar forma. Su canción “24 Hour Party People”, da nombre a la película y pone en alza todos estos conceptos. Eran genuinos y empujaban a la fiesta. Son el eje central del segundo acto de la película y representan el estado de descontrol que vive la época. Aparece con los Happy mondays un personaje, Bez, cuya única función en le grupo era enseñar al público a bailar aquella nueva música, otro tipo de mesías.
Son muchas las bandas “corales” que rodean a las más destacadas, desde Durruti Column hasta A Guy Called Gerald, pasando por otras muchas como Iggy Pop, que directa o indirectamente tienen relación con el panorama musical que muestra la película. Como es lógico, en dos horas de metraje es imposible describir todo el panorama musical de los 70, un hervidero de grupos y de influencias, y a pesar de que el director lo intente, en ocasiones de forma demasiado ambiciosa, hay grupos como los Stone Roses, que son descartados de la banda sonora y tienen un papel intrascendente en el argumento, cuando en la realidad fueron una de las principales fuentes de las que bebieron los Joy division o New Order.
Para Manchester esta película vino a representar lo que fue Trainspotting para Londres, y en todo momento el director trata dejar el sello británico.

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