
De Oliver Stone, autor de la paranoide ‘JFK’ y de la arriesgadísima ‘Nixon‘, no podía esperarse un biopic relajado, ni tan siquiera al uso. Tampoco una hagiografía izquierdista, una vez revelada su voz cristiana y responsable, en forma de sentido (y algo equivocado) homenaje a las víctimas. Su ‘World Trade Center’ quedaba en intenciones, se hundía en cameos de lujo, digamos, divino.
El renacido cine político en Estados Unidos puede jugar en contra de una película que no tiene la facilidad de la sátira, ni tampoco la complacencia de la objetividad. La historia de los Bush es bajo los ojos de sus cineastas, la historia de una estupidez familiar. La historia de una ambición familiar. Y también es, fundamentalmente, una comedia sobre la trascendencia: nuestro personaje tiene una obsesión casi espiritual con el poder, entendido no tanto como placer tirano, sino como triunfo contracorriente. El liderazgo de Bush no esquiva los claroscuros, la inquietante presencia de un Karl Rove encarnado por Toby Jones, así lo atestigua.
La película tiene una metáfora sencilla: la obsesión de Bush hijo con atrapar una pelota de béisbol. A partir de esa metáfora, casi una digresión narrativa, se alterna una historia más o menos lineal de ascenso al poder con los momentos clave de la invasión de Irak. Sin embargo, advertía Jonathan Rosenbaum del error que supondría considerar ‘El Padrino’ como una cinta shakespereana y ponía como ejemplo la administración Bush. Las relaciones en família, las disputas del poder pueden recordar a alguno de los trabajos más célebres del dramaturgo inglés, pero carecen de la intensidad (y profundidad) del dramaturo inglés: es una asociación natural antes que real. Estoy con Rosenbaum, la historia de Stone es una historia de poder, algo mucho más antiguo que las ficciones que legó Shakespeare.
“You’re a Bush, Not a Kennedy” espeta George Bush padre a su retoño. Resulta particularmente meritorio que ‘W’, una película candidata a la polémica, consiga ser algo mucho más que una disputa familiar: también es una historia sobre dos formas distintas de enfocar la política, sobre el significado mismo de esta. Mientras que el padre, y en esto regresamos a cierto déja vu Coppoliano, apuesta por la honestidad, por no inmiscuirse, el hijo, mucho más impulsivo, emprende la segunda guerra de Irak casi como reafirmación ante el padre: no sólo ha ganado unas elecciones, sino que será capaz de terminar el trabajo que necesita su país. Pero si en la ficción de Coppola nos quedaba el consuelo de que Sonny, el impulsivo, jamás tendría el honor para dirigir una empresa, aunque fuera una de extorsión y fraude, en la película de Stone la realidad es mucho más desagradable: el impulsivo y feliz ignorante es el mismo encargado de dirigir al Imperio. Imposible decir algo más desesperanzador que con una ironía tan distante y sorprendente como la de la película.

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1 Comentario en “‘W’, el poder como comedia espiritual”
Estupenda tu comparación El Padrino/W.!!