Cine histórico

Lincoln asesinado en ‘La conspiración’

Robert Redford nos cuenta el nacimiento de la nación norteamericana sobre unas bases morales más que dudosas
Andrea Jaén
14:03h Martes, 13 de diciembre de 2011
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Tras incursiones en el cine más o menos sonadas como ‘Gente corriente’, ‘El río de la vida’ o la oscarizada ‘El hombre que susurraba a los caballos’, el actor y director Robert Redford nos traslada a uno de los capítulos más dolorosos, y también más decisivos, de la joven nación norteamericana: el asesinato del entonces presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, en 1865. El resultado global podemos catalogarlo de solvente, pues no olvidemos que Redford se mueve como pez en el agua dentro del cine político. No en vano cabe recordar su aclamada última película, ‘Leones por corderos‘ (2007), donde también aborda el tema del patriotismo desde su óptica menos esperanzadora.

Sin embargo, cabe destacar en este punto una doble vertiente perceptible en ‘La conspiración’, que puede ayudarnos a desgranar algunos de los puntos fuertes (y flacos) de este estreno.

La conspiracion

Robyn Wright y James McAvoy en una escena del film.

El primer y más llamativo plano de ‘La conspiración’ es el histórico. Una minuciosa investigación por parte de director y guionista (James D. Solomon) que se evidencia en la impecable puesta en escena y diseño de producción… sin olvidar el discurso subyacente. Recordemos que el asesinato de Lincoln a manos del actor sureño John Wilkes Booth es comparable al drama del tiroteo en el que murió Kennedy, si bien el cine no lo ha tratado con la misma asiduidad. Si exceptuamos, claro está, ‘Abraham Lincoln’ (1930) y, sobre todo ‘El nacimiento de una nación’ (1915), ambas de D.W. Griffith. Es coherente decir que Redford es claramente deudor de esta última, y lo es precisamente porque el director se afana, como Griffith, en sentar las bases sobre las cuales se erige la recién nacida federación norteamericana: una sangrienta guerra civil, un magnicidio y una conspiración desde instancias supuestamente democráticas.

En este contexto se nos muestra el caso de Mary Surratt (Robyn Wright), la única mujer acusada de participar en el asesinato junto con otros siete acusados, pues regentaba la pensión en la que se reunían los presuntos conspiradores. El abogado Frederick Aiken (James McAvoy) es el encargado de defenderla, al principio con hastío y más tarde con pasión, al darse cuenta de que la mujer es inocente. Es más, el joven abogado pronto se comprenderá que este asesinato de dimensiones traumáticas está siendo utilizado por las distintas facciones como excusa para destruir al enemigo y calmar la sed de venganza del pueblo En definitiva, ‘La conspiración’ supone el acercamiento histórico a un periodo caracterizado por las heridas sin cicatrizar de la Guerra Civil. Pero, sobre todo, se trata de una disección sin piedad de los sangrientos inicios de la nación norteamericana, asentada sobre la base de la injusticia, el engaño y la violación de los derechos humanos.

El segundo plano por el que se mueve esta película es el de los dramas judiciales, o por el también llamado subgénero de litigios. Ejemplos tenemos a raudales: ‘Philadelphia’, ‘Pena de Muerte’, ‘Amistad’… Films que se asientan sobre la relación acusado/abogado, que poco a poco van acercando posiciones hasta defender una causa común. Vista desde esta vertiente ‘La conspiración’ pierde fuelle, pues se hace previsible por momentos, al tiempo que tenemos la impresión de estar ante una microhistoria cientos de veces repetida. La de la digna víctima y la de su defensor, el abogado Aiken, que se debate entre su deuda a la sociedad en ciernes y su deuda a la profesión, donde la inocencia debe ser defendida a todo coste.

Fuente / 20minutos

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