“Vacas” es una película de Julio Medem (y escribiendo esto me acabo de percatar de algo que más adelante comentaré, tal vez una tontería… pero una tontería de esas que a uno le hacen decir “¡ah!” o tan valorables como esos detalles cotidianos que nos pueden cambiar un día o la vida entera… Que por otro lado: el señor Medem sabe y ha sabido explotar…).
Esta es la opera prima de Julio Medem, del año 1992 con 96 minutos de duración y con un elenco que incluye a Carmelo Gomés (Manuel / Ignacio / Peru) (¡y no! no se trata de ningún personaje con desdoblamientos de personalidad), Emma Suarez (Cristina), Ana Torrent (Catalina), Txema Blasco (el abuelo Manuel), etc. (Y les aseguro que si supiera los nombres de las vacas los pondría aquí). Con música de Alberto Iglesias y fotografía de Carles Gusi.
Con esta película Medem llamó la atención. ¡Y de qué manera! Si bien, a su estreno fueron aproximada (y solamente) 150 mil espectadores esta película arrasó en premios:
Goya al mejor director novel, Distinción especial a la mejor opera prima en el Festival de Montreal, Premio especial de calidad del ICAA – Ministerio de Cultura, Gran Premio Cine Joven de Tokio a la mejor película (Medem tenía 33 años en 1992), Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Turín, Mejor Película y Fotografía (Carles Gusi) en el Festival de Cine de Alejandría y Trofeo Sutherland del British Film Institute a la “película más original e imaginativa”.

Condensando algunos de estos podríamos decir algo así como: Mejor Dirección de Mejor Opera Prima con Mejor Fotografía que se ha ganado el Trofeo (no feo) de “película más original e imaginativa” en 1992. ¿No?
¡Y es que, señores! ¡Que forma de empezar “oficialmente” una carrera! (al menos de cine de ficción).
La sinopsis consistiría en algo así como la historia de los Irigibel y los Mendiluce (dos familias vecinas y en apariencia, eternamente rivales) que va transcurriendo en una adaptación de época múltiple que incluye tres generaciones, dos guerras, un bosque y muchas vacas.
La cosa comienza (porque en algún lado tiene que comenzar…) en Guipúzcoa. Estamos situados en el año 1875 y después de ver a un leñador cortando leña nos encontramos dentro de una trinchera donde dos personajes se encuentran. Uno, el leñador que vimos en un principio es anunciado como “el mejor” en tal rubro, si bien podemos dudar un poco debido a que se lo presenta en “El Capítulo I” como un cobarde (y ya nos enteraremos por qué…).
Este “mejor leñador” y un “sargento” se encuentran. El sargento le pregunta al otro si sabe si ha nacido su hijo. Efectivamente, es varón, él y su madre están sanos. El otro con una gran alegría sonríe y la charla es interrumpida por las balas. El “padre” morirá.
La historia recorrerá distintas épocas y personajes enmarcados por la mágica mirada de la naturaleza… Vacas y Bosque serán elementos TOTALMENTE fundamentales en la forma de contar esta historia. Serán ellas los testigos oculares y pareciera que el punto de vista general de la película está dado por los “agujeros encendidos” de la memoria del bosque.

Pero en fin. Ya estoy contando cosas que alguien que no la ha visto no podrá entender de forma clara y lo aburrirán.
Podemos decir que la película está dividida en (¿) 5 (?) capítulos (si no me equivoco en el número) y es una obra que si bien implica una adaptación de época “múltiple” no tendrá nada de eso que a veces tienen las películas históricas: Naturalismo (y/o pretensión de tal cosa).
En esta obra ya se anuncia lo que se desarrollaría posteriormente en el cine de Medem. Poesía, Surrealismo, Realismo Mágico y una película totalmente personal narrada con una ingeniosidad y una cantidad de recursos cinematográficos que lograron llamar la atención del propio Kubrick.
Más allá de eso, aquí ya se esbozan las historias dentro de historias (de historias [de historias]) capaces de subvertirse; ir y venir de tal forma que los distintos agujeros servirán como “puentes conectores” de mundos entre realistas e imaginarios que viviremos (los espectadores) como la corriente de electricidad que viaja a través de los nudos de kilómetros de cables enrollados en una habitación: una montaña rusa de sensaciones, situaciones, colores…
El amor, las relaciones casi incestuosas que implican el deseo prohibido y siempre anhelado, la familia y sus vaivenes; la violencia (en especial y concretamente en esta película); la muerte como presencia constante y viva de la naturaleza, casualidades y encuentro (posteriormente Medem explotará más los “desencuentros” también ), etc.
Una película llena de colores y matices, con una cámara que va y viene como pelota de fútbol en el medio de una correcaminata… En fin: ¡Que me ha encantado! Que adoro a Medem y lo tengo que gritar (¡y que bien que está tratado el tema de los gritos en la película! el abuelo dirá, en algún momento algo así como “Cuando no se puede morir hay que gritar. ¡Gritar es digno!”), no puedo evitarlo.

Pocos (o casi ningún otro director) han logrado lo que este señor en mí (y se que en una buena cantidad de “fieles” [o no]) a su vez. Es más: Me encantaría algún día (aunque aún no) conocer a Medem darle la mano, charlar un rato y contarle también como he vivido su cine (y en especial: “Los Amantes del Círculo Polar“) y algunas de esas cosas “raras” que si bien pasan (y mucho) en sus películas… También en la realidad. Señor Medem: Si llega a leer esto le pido que se acuerde de mí.
Pero bueno, como verán, me siento tan implicado y “conectado” con el cine de este señor que ya paso a hablarle a él y no a usted… señor lector. Le pido disculpas por un lado mientras que por otro me/le pregunto ¿habrá alguna forma de poder ser más sincero? ¿No le dará esto a usted ciertos datos necesarios no sólo para evaluar la película sino el comentario?
Porque, aceptémoslo: De Objetivo… nada.
De cualquier forma. Hay algunas cosas que quería decir; que además me sorprendieron sobremanera:
1. El leñador corriendo en el bosque parece una referencia más que explícita a ese señor llamado Akira Kurosawa (otro de esos pocos directores que no sólo admiro “cinematográficamente” sino a los cuales les tengo un “cariño” muy grande…) y la primera parte de Rashomon. Además de ser (toda la película, en este caso) y en esa secuencia de la nipona: un “Gracias” a la naturaleza.
2. Los “diferentes mundos”, “los conectores”, el uso (IMPRESIONANTE!) que se hace de los sonidos y algunas tomas desde y en el pasto con una distancia focal realmente muy corta parecen remitir a David Lynch… y, de forma especial a su “Blue Velvet“.
3. Sin hablar de ninguna “referencia” a nadie: El efecto de las fotos. Puesto que un personaje es fotógrafo y después de abrir el obturador, dejar que la luz entre y la las sales de plata queden con una imagen fijada se coloca siempre en menos de un segundo “la foto” frente a nuestros ojos (en la película en sí) generando un efecto muy particular y haciendo un uso de la edición totalmente creativo.
Ahora que lo pienso… esto último me hace recordar a “Easy Rider” aunque el uso de la foto es distinto, claro.
Aunque no sepa, no me acuerde y no pueda captar les aseguro que hay más… hay mucho más.

¿De qué me había dado cuenta? Al estar escribiendo el nombre de este señor vi que (y, realmente, parecerá una tontería): ¡Es capicúa! Así como los nombres de los protagonistas de la película “Los Amantes del Círculo Polar”: Otto y Ana.
Era eso. Se que es chiquito y habrá alguien que este leyendo mientras piensa “¡Pero que escritor tonto! Hombre ¿No te habías dado cuenta de eso tío?” o, tal vez, sonriendo moderadamente como quien escucha un chiste que no da para carcajada pero alegra el alma; o tal vez simplemente pensando “¡¿Y a mi qué me importa?!”…
En fin, esta es una película que (como la filmografía del señor Medem) la recomiendo enfáticamente al espectador. Y, a usted señor Medem: Se la agradezco. Me alegro de que usted exista.

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