La mala educación fue dirigida en el año 2004 por el realizador Pedro Almodóvar y pertenece, para muchos críticos, a un momento en su producción asignado por una búsqueda íntima que, si bien no es autobiográfica retoma ciertos episodios personales, conjugada con una suerte de alusión a ciertas generalidades del film noir.
La trama, propuesta en su mayoría con la ambientación de la ciudad de Madrid, es aludida desde dos puntos temporales, uno de ellos situado hacia la década de 1960, correspondiente a la evocación planteada por los personajes principales y el restante hacia 1980, el presente de tal reconstrucción. Es importante destacar su inserción en el período del régimen franquista cuyos lineamientos ideológicos son representados claramente en algunos personajes.
La narración comienza en la oficina de Enrique Poded (Fele Martinez), un joven cineasta que cuenta en su trayectoria tres films de cierto éxito. En la búsqueda de nuevos proyectos, le veremos aunar artículos de diarios para obtener
de allí posibles argumentos mas pronto es interrumpido por un muchacho (Gael García Bernal) que le aborda afirmando ser Ignacio, íntimo amigo en la niñez a quien no vio durante quince años. Si bien el director no le reconoce de inmediato se abandona a cierta familiaridad y le atiende con emoción para pronto recibir su propuesta. El joven trae en sus manos un guión que, bajo el nombre de “La visita”, relata una tortuosa historia que aborda su infancia, y les tiene por personajes, y se extiende hacia su adultez. Interesado, Enrique conserva la copia y pronto comenzaremos a presenciar una serie de flashbacks que aluden a aquella etapa. En principio se realiza una descripción de la institución escolar católica a la que ambos asistían, dirigida por un severo cuerpo de religiosos. Los días parecían transcurrir entre extensas clases, solemnes misas y algunos partidos de fútbol, que lograban cierta distensión con respecto a las habituales actividades. Entre ello, el pequeño Ignacio y Enrique descubren el cine y sus grandes figuras, y comienzan a indagar sobre la propia sexualidad, que pronto se explicitará claramente, está representada en una mutua atracción ingenua. En este contexto se presentará un suceso que, reiterado, será fundamental en la totalidad de la trama. Veremos cómo el director de la institución y profesor de literatura, Padre Manolo (Daniel Giménez Cacho), abusa físicamente de ambos alumnos con absoluta impunidad, manipulando su voluntad para evitar ser reprendido. Uno de estos episodios culmina en la extraña expulsión del niño Enrique dejando a su compañero a la merced absoluta del pedófilo.
El ya adulto cineasta considera al guión como posible de ser realizado y por ello comienza a retomar contacto con su antiguo amigo. Entre tanto veremos una relación oscilante, fuertemente anclada en una atracción física, que progresivamente llamará la atención de Enrique pues quien tiene frente a sí poco se parece a aquel Ignacio que recordara. Decide entonces visitar a la madre de aquél, en Galicia, para dilucidar algo de su sospecha y pronto descubre que su verdadero amigo llevaba cuatro años muerto y que quien se había presentado en su oficina era Juan, su hermano menor.
Con el objeto de indagar sobre este personaje Enrique emprende el rodaje del film aceptando que el falso Ignacio represente a su hermano. Aquí se instaura parte del conflicto que será resuelto en el fragmento restante de la obra con algunos giros verdaderamente inesperados.
La mala educación surge luego de diez años de consideración por parte del director, y propone una clara contraposición en ambos momentos aludidos: durante los años de la década de 1960 el contexto oprime a los niños protagonistas, limita sus acciones o, en su defecto, las normativiza y condena. La institución religiosa, que también jugo un rol importante en la vida de Almodóvar, es retratada como un claustro de silencios oscuros y pulsiones latentes, prontas a objetivarse de la forma más cruel. Sin dudas relacionado esto con el real entorno socio político, fuertemente anclado en doctrinas de derecha, y un catolicismo dogmático. Por contraposición la década de 1980 supera claramente esta instancia y propone “el marco ideal para que los protagonistas, ya adultos, sean dueños de sus destinos, de sus cuerpos y de sus deseos”, otorgando así un contexto para poder el director desarrollar aún mas sus habituales líneas, entre ellas la sexualidad abierta (y en ella sus variantes), las drogas y lo intensamente visceral, en una estructura narrativamente compleja.
El film ha recibido múltiples nominaciones y galardones en diversos festivales de prestigio en categorías de dirección, actuación, mejor guión (a cargo del realizador), edición y banda de sonido, entre otros, marcando una clara aceptación por parte del ambiente cinematográfico mundial. Sin embargo fueron, lógicamente, ciertos grupos religiosos quienes se manifestaron en contra de ella por el tratamiento de la institución religiosa y su vinculación con la pedofilia.
Recomiendo visitar el sitio oficial del film, cuyo vínculo puede hallarse aquí, que contiene abundante material sobre la realización del film, su recepción por parte de la crítica y una serie de comentarios del director.



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