Cine de aventuras, Cine histórico

‘Gladiator’ o el cine espectáculo reciente

La importancia de Ridley Scott en el blockbuster contemporáneo
Por Alvy Singer, en 27 de Enero de 2009

Reviso Gladiatorporque compruebo, día a día, su importancia en el cine espectáculo reciente. Un éxito del año pasado, la célebre ‘300′, tiene escenas directamente sacadas de esta película de Ridley Scott. ¿Por qué tuvo esta superproducción tanto éxito y recondujo a Ridley Scott a la primera línea de la importancia crítica? Es sencillo, porque funda una corriente muy contemporánea del blockbuster reciente: el pretencioso que parece mucho más de lo que es.

La película se abre con una secuencia de batalla impresionante, situada en un momento histórico concreto que promete ser impactante. Pronto llegan los diálogos y con ello la película se divide: por un lado es un peplum, y por el otro una mezcla, algo típica, de algunos momentos vistos en el Hollywood dorado deEspartaco y ‘La caída del Imperio Romano’. ¿Por qué esa mezcla? Teóricamente es difícil de explicar, pero vamos a tratar de ejercer una breve y simple historiografía.

El cine de Hollywood, como tal, se rompe en lo setenta con una nueva generación de cineastas, muchos de ellos educados en la escuela de Roger Corman. La serie B y el exploit ya no son tan lejanos a la taquilla, y desde los sesenta ciertos ejercicios subterráneos del placer se codean en drive-ins con estrenos de un Hollywood enrarecido, en transición. La industria del cine era mucho más joven que la literatura o el arte y su evolución es rápida, atropellada. La modernidad llega en los cincuenta y sesenta, y la posmodernidad entra, como señala Carlos Losilla en ‘El Cine De Terror: Una introducción’, a finales de los setenta con ‘La noche de Halloween’ como un ejemplo claro de esta transición.

Los ochenta implican una absoluta disolución de los géneros, tradicionalmente menores, y muchos de los cineastas surgidos en los setenta, viven su auge y su cierto éxito. Películas con un espíritu tan transgresor como ‘Gremlins’ arrasan, la ironía de ‘Los cazafantasmas’ pone en guardia a una critica demasiado despistada y la heterodoxia propicia una convivencia singular, apasionante: películas como Hannah y sus hermanasconviven con ‘Aliens’. En los ochenta llega la distribución doméstica y se forma el blockbuster, algo que no existió hasta 1977, fundado por Steven Spielberg y George Lucas.

Los grandes cines dejan paso a la edad de oro del multicine y a la cultura juvenil del mall, lo que supone un significativo cambio cultural en la distribución, pero también demuestra la rentabilidad del sector más joven. Sin embargo, este hundimiento del viejo Hollywood vive en los ochenta en una euforia extraña, con el cine de terror y el fantástico en primera línea, ocupando tanto el mainstream como la serie B y la exploitation. Triunfan tanto George A. Romero como John Carpenter, tanto Dario Argento como Lucio Fulci.

Pero en los noventa esto termina, súbitamente, ya sea por el renacimiento tímido del western, como el éxito de ‘Bailando con Lobos’ o el éxito de ‘Forrest Gump’, signifcativo en una década en la que los fracasos de ‘La muerte os sienta tan bien’ o ‘El último gran héroe’ son un epitafio a todo lo acontecido en la década anterior.

El caso es que desaparece, prácticamente, el cine subversivo en el mainstream de Hollywood. No faltan las excepciones insobornables, pero la sabiduría se mantiene en Asia y en ciertos autores independientes (los Coen, Quentin Tarantino) que dan algo de luz a una industria adormilada. Y hete aquí la figura de Ridley Scott, cineasta que empieza con tres películas notablemente ambiciosas y con elementos de una ambición vagamente postKubrickiana, y en los noventa arrasa con ‘Thelma y Louise’ sonrojante película (aparentemente) feminista y liberatoria.

El cineasta, pues, pasa de la ambición a la tarea de servir gentilmente a cierta e infecta sensibilidad contemporánea y condensa en su filmografía los cambios, las esperanzas y las decepciones de la corriente hollywoodiense. Así pues, tras una época en la que incluso el cine de terror había sido oscarizable (‘El silencio de los corderos’ o ‘Drácula’) llega esta historia de gladiadores, cuyos diálogos escritos por John Logan condensan perfectamente una sensibilidad perfectamente bakala (“Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad” dice Máximo, pura poética Chasis) y redefinen a un público que para gozar de un peplum, necesita una épica (de postín) de fondo.

Y eso es lo peor de la película: su vergonzosa escena de coqueteo protagonizada por Cómodo (Joaquin Phoenix poniendo rostro maquiavélico durante todo el metraje) revela la brutal incoherencia de esta película, que en su puesta en escena se presenta hiperrealista y sucia (cfr: la batalla inicial, la llegada a una Roma digitalmente auténtica), pero con unas escenas que alcanzan el desternillante sonrojo victoriano a la hora de tratar el sexo en la época del Imperio Romano, algo mucho más normal de lo que se presenta en esta película.

También en sus dilemas y enfrentamientos políticos es absolutamente deficiente esta película: el general que quiere delegar en Máximo el liderazgo del imperio, sostiene que nuestro héroe es noble y será un buen mandatario. ¿No fue justo eso, un general ambicioso y con todo el poder reunido, lo que condujo al fin de Roma como democracia? ¿No tiene demasiado sentido en una película que presenta como tiránico a su villano? No hay reflexiones políticas en el funcionario Scott ,pero todo queda aparente: si a esta trama política, mal resuelta e incoherente, le sumamos un final delirante (Máximo dando lecciones de democracia a una ciudadanía romana feliz con su espectáculo), encontramos la esencia de Scott: el artificio impactante y grandilocuente por encima de la coherencia global.

Las correctas escenas de lucha son escasas, aunque eficaces, y contienen al clásico comparsa de color (que es un fiel y noble amigo del protagonista) encarnado por Djimon Honsou, y demuestran la escasa valentía de un cineasta para asumir que su película no es otra cosa que un peplum axifisado por sus ambiciones, su profunda incoherencia y su trozo grueso con los personajes. Escribe Jorge Luis Borges en ‘Arte Poética’ que la Épica siempre se basaba en la esencia: al contrario de lo enseñado por el escritor argentino, el blockbuster hollywoodiense se empeña en ser épico sin tener en cuenta que, por encima de todo, la esencia de héroes y villanos, de guerreros, esta presente en cualquier gran batalla. Tenemos películas incoherentes, versiones aparatosas (y aburridas) del placer honesto de las series Bé (‘Maciste’ en este caso) o empobrecimientos de algunas grandes películas hollywoodienses: cine para hacer sentir inteligente al personal, pero nunca valiente o audaz, nunca consecuente con sus intenciones y resultados.

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3 Comentarios en “‘Gladiator’ o el cine espectáculo reciente”

1

Sin considerarla la obra maestra definitiva, creo que es mucho mejor película de lo que parece leyendo tus comentarios. Funciona de maravilla como cine espectáculo, sin intentar en ningún momento dar lecciones de moralidad o política, no retrata la Roma realista sino la del circo, la que iba todos los días a ver cómo un león se come a la gente.

Así y todo, aplaudo tu crítica por ser una de las más valientes que he leído de la película.

2

Como siempre nos entregan un gran artículo reflexivo sobre el cine actual. Saludos!

3

Como todo lo que toca Mr.Scott…o casi, casi, casi todo, una obra maestra cinematografica, aunque para mi sus 2 genialidades o 3…? son : Blade runner, Alien y 1492. Por este orden.
Un saludo.

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