Después de haber conquistado el éxito a través de la conocida saga Bourne en 2002, con The Bourne Identity, y tras la decepción de Sr. y Sra. Smith. Doug Liman vuelve de nuevo con la adaptación de una novela bastante inspirada en los héroes de la Marvel. Más o menos.
David Rice descubre con quince años que tiene la capacidad de tele-transportarse, capacidad que utiliza para robar bancos y vivir una vida muy plácida a la vez que conoce el mundo entero. Sin embargo, hay una organización secreta dispuesta dirigida por un personaje misterioso que responde al nombre de Roland y que decidió eliminar a todos los jumpers del planeta. Porque está claro que David no es el único que puede tele-transportarse.
Quien más quien menos, todo el mundo recuerda la escena con la que comienza X-Men 2, donde se veía al mutante Diablo teleportarse a través de la Casa Blanca con la finalidad de quitar la vida al presidente de los Estados Unidos. Esta secuencia demostraba las posibilidades de este recurso de cara a montar escenas de acción, y Jumper es una película entera explotándolo. Una inspiración que proviene del mundo de los cómics, tanto por el aspecto visual de la película como por los numerosos guiños al universo Marvel que hay repartidos a lo largo y ancho del metraje.
Los aficionados a las historietas con más dibujos que letras ya saben a qué atenerse, el joven David descubre que tiene súper poderes. En vez de lanzarse en una carrera por hacer el bien en el mundo se dedica a dar saltos por los bancos de todo el mundo. Muy lejos queda la ingenuidad de Spiderman o Superman, David Rice va a por la pasta y es capaz de dar la vuelta al mundo con tal de hacerse millonario. Una reacción que podríamos tener cualquiera, sobre todo con lo cara que está la vida.
Los efectos especiales son espectacularmente brutales y estoy seguro de que para rodar la película han destrozado decorados a punta de pala, de hecho, los jumps es lo mejor de la película (no es que esté dándole vueltas a la misma idea en el artículo, es que no da para mucho más). El paso de un escenario a otro es sorprendente siempre y nos preguntamos dónde va a aterrizar Hayden Christensen en esta ocasión. Un aspecto fantástico del que se benefician en especial todas las secuencias de acción, en especial la pelea de “jumpers” a través de distintos sitios del planeta. El concepto de “la diversión” que proporciona este poder es explotado por el director de la cinta, que sale bien parado gracias al uso de unos efectos especiales impecables. En ningún momento se va a explicar el fenómeno, ni como David aprende a controlar sus poderes y hacerlos evolucionar. ¿Mutación genética? Vayan ustedes a preguntárselo a Doug Liman.
Es precisamente esta falta de consistencia y profundidad lo que más abunda en el visionado de Jumper. De la organización secreta tampoco sabemos mucho, que persiguen a todos los “jumpers” del mundo con malas intenciones. La logística consta de Samuel L. Jackson (¿quién le manda aceptar a este tío este papel de mierda?) y dos o tres esbirros que le acompañan hasta cuando va al váter. La falta de profundidad es similar a la de Sr. y Sr. Smith, nunca supimos para qué organización trabajaba Angelina Jolie.
El final resulta demasiado brusco y no supone ninguna solución a la historia, de hecho todo queda abierto para una segunda parte que será todavía más irritante (supongo). Salvo que estés estudiando para técnico de efectos especiales, no merece la pena gastarse cinco euros en ver esta basura.


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Comentarios de “Jumper, efectos especiales a cascoporro”
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