A pesar de que la taquilla recaudada fue más que aceptable, a la crítica y el público no les gustó esta película, siendo tal vez la peor comentada y tratada de todos los trabajos de su director. Sin embargo, a mí personalmente me encanta El Planeta de los Simios, la que consideró la mejor de Tim Burton, junto a Ed Wood.
La historia se centra en la vida del capitán de la estación espacial Oberon, Leo Davidson (Mark Wahlberg) quien está a cargo de entrenar chimpancés para que viajen en misiones que son arriesgadas para los seres humanos. Después de analizar lo que parece ser una tormenta eléctrica, el comandante decide enviar al chimpancé Pericles para estudiar lo sucedido. Sin embargo, en el desarrollo de la misión algo extraño sucede y la nave del pequeño animal desaparece. Davidson, quien era muy allegado a él, sale de manera impetuosa y desobedeciendo las ordenes de la tripulación, en búsqueda de Pericles.
Como era de esperarse el viaje del capitán tampoco sale de acuerdo a lo planeado, atravesando una tormenta electromagnética que lo hará aterrizar en una selva de algún planeta desconocido. En este mundo al que llega muy pronto se da cuenta que los seres dominantes son unos simios, mientras que los humanos están condenados al papel de meros objetos de trabajo para ellos. La clase social simia está muy organizada y tiene cercanos comportamientos a la de los hombres, teniendo un sistema bastante jerarquizado.
Davidson es cazado junto a otro grupo de hombres por lo que serían las fuerzas militares simias. Todo el grupo es llevado para ser entregados a Limbo (Paul Giamatti) un orangután que está en el negocio de la trata de humanos esclavos. Allí, y siendo una de las escenas que más me impactó y se quedó en mi memoria por siempre, una sobrina del general Thade (Tim Roth) está cumpliendo años, por lo que él decide comprarle una mascota. El regalo para ella será entonces una linda niña que la sobrina del general se llevará para su casa, la encerrará en una jaula y la sacará a pasear con un collar.
En medio de ese negocio, en donde los humanos son marcados como ganado y amarrados por sus cuellos para ser comercializados, se aparece Ari (Helena Boham Carter) quien es una defensora de éstos e hija del senador Sandar (David Warner), algo así como una Ingrid Newkirk de nuestro mundo. Ella vive aterrada de la manera en que los simios se comportan, lo que explica diciendo la frase más dura de toda la película: es asquerosa la manera en que tratamos a los humanos. Ella decide comprarse a Davidson y a Daena (Estella Warren) para que trabajen en su casa. Y es de allí donde nace una de las razones por la que tanto me gusta esta película, porque es una crítica muy profunda a la manera cómo los seres humanos nos comportamos con los demás seres vivos que nos acompañan en este mundo, mostrándonoslo de la mejor y más directa manera posible, el que no deberíamos tratar a estas criaturas de una forma que no nos gustaría que nos trataran.
Ya en la casa del Senador, éste se siente sumamente asqueado de que su hija llevará a estos animales, a los que ve exactamente iguales: sucios, piojosos y malolientes. En medio de la cena, Ari trata de demostrar que los humanos tienen inteligencia y comportamientos civilizados, lo que es recibido con burla por parte de los comensales. Además, se presenta la famosa escena en la que Thade toma a Davidson y abriéndole la boca con la mano le pregunta, de manera absolutamente burlesca, cómo sabiendo que la respuesta es negativa, sí allí adentro hay un alma.
Y de allí proviene la segunda razón por la que tanto me gusta está película: la crítica a la religión y la creación de Dios por parte de los humanos. Debo aclarar que no tengo nada en contra de lo que crean otras personas con respecto a nuestra creación, pero si encuentro absolutamente ridículo que en nombre de Dios se haya muerto más seres humanos y vivos que por cualquier otra causa. El asunto radica en que los simios se sienten poderosos y con el total derecho de dominar y maltratar a los demás, gracias a que son seres descendientes de un ser supremo al que llaman Semos y que había llegado a un lugar llamado Calima, a quien le rezan agradeciéndole por la comida servida en la mesa, en una costumbre religiosa muy cercana a las nuestras.
Habiendo logrado escapar de la casa del senador, Leo y Daena comienzan una fuga que los lleva hasta la nave espacial de éste, la que parece haber aterrizado para rescatarlo. Cuando Leo encuentra la nave, se da cuenta de que estaba allí abandonada y deteriorada por el paso de mucho tiempo, lo que en gran parte explica la película. El Planeta de los Simios tiene un manejo del tiempo narrativo que consideró un poco complicado y confuso. Sin embargo, me atrevo a plantear una hipótesis que permita entender mejor el film. El asunto radica en que la tormenta electromagnética que atrapó al capitán y al chimpancé Pericles, es un portal al futuro. En ese sentido lo que pasa es que cuando la nave de Pericles se pierde, este viaja hacia el futuro y, cuando Davidson va detrás de él, también se traslada hacia el futuro. Una prueba de esto se ve en la fecha que marca el día, mes y año en que el capitán se encuentra mientras atraviesa la tormenta. Según esto, Leo llegó al planeta tierra 400 años después.
Acorde con la grabación que encuentra Davidson cuando llega a la nave destrozada, la tripulación decidió ir en su búsqueda y viajaron a través del tiempo llegando a la tierra, solo que llegaron mucho antes que Leo. Es decir, su viaje en el tiempo fue a un momento anterior que a la llegada de Leo, tan sólo unos 100 años adelante; pero con un planeta que ya estaba destruido por el comportamiento del hombre. Para cuando el personaje de Walhberg llegó al planeta de los simios, la nave Oberon había aterrizado allá cientos de años atrás. En este nuevo mundo, los simios entrenado por la tripulación evolucionaron y se liberaron del yugo del hombre, siendo Semus el líder de esa manada. En nuestro mundo Semos sería Adan.
Cuando Leo aterriza, el tiempo que ha pasado ha sido el suficiente para que los simios hayan creado una sociedad muy parecida a la que los humanos teníamos, con todas las injusticias y avances que pudimos tener. Y de esa manera logró Burton mostrarnos de una manera muy gráfica y artística la clase de mundo tan cruel y duro en el que vivimos. Además de las escenas ya comentadas, tengo especial cariño por el momento en que Leo explica a Ari cómo nuestra inteligencia lo único que logra es hacer vivirnos en un mundo más peligroso, cómo tratamos de mal a los demás seres vivos y, cómo nos tratamos entre nosotros de peor manera. “El universo premia la crueldad con el poder”, replica ella en algún momento.

En todas las películas de Burton la construcción de mundos es verdaderamente increíble. Cada película de este director es una experiencia visual única, y esta no es la excepción. El maquillaje, los vestidos, los lugares, son todos trabajos muy detallados y cuidadosos que nos transporta a un lugar que sólo puede provenir de la imaginación de su director. La transformación de los actores en simios es muy bien hecha, con un maquillaje muy minucioso, lo que sumado a los movimientos tan bien realizados de los actores, nos convencen de que verdad son estos animales. La música de Danny Elfman me parece sumamente sofisticada y compleja, pero muy atrayente, lo que sumado al diseño de sonido logran mantener un clima de alta tensión durante gran parte de la película.


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