Emir Kusturica es sobretodo un director independiente, muchos pueden haberlo conocido por una película en la que dirigió a Johnny Deep, American Dream en Hollywood, pero el prefiere seguir o tratar de seguir siendo el rey en el país de los independientes y no uno más en la lista de los tantos realizadores de Hollywood.
Muchos pueden haberlo conocido recientemente gracias a que hace algún tiempo, este año para ser más precisos, presentó en el Festival de Cannes un documental sobre Maradona, que atrajo la mirada no solamente en el crack de fútbol argentino de todo el mundo, sino también hacia este director.
En esta ocasión Emir Kusturica sigue manejando su sello personal, aunque no el que lo hizo acreedor de dos Palmas de oro en el Festival de Cannes, y nos presenta ahora películas con ese tono excesivo de la bufonada más allá de toda razón. Ahora nos trae Prométeme, una película que trata acerca de encontrar el amor verdadero, pero veamos bajo que concepto creativo lo plantea Kusturica.
Si bien el amor es un idioma universal, hay cosas en la trama de esta película que sencillamente no se pueden entender o que son confusas para muchas personas ajenas a una cultura y que hacen mucho más terrible la digestión de la película. Sabemos que Emir Kusturica es de origen Serbio y siempre saca a la luz sus orígenes, trayendo a colación alguna trama como la que se presenta en Prométeme.
No obstante, en esta película hay cosas que simplemente no funcionan para el espectador - observador desde otra cultura u otro punto de vista, ya que no se posee todo ese respaldo de conocimiento que puede ser el necesario para entender lo que se nos quiere plantear a cabalidad, siendo esta película un tanto ligera en ese aspecto.
Prométeme, como ya dijimos es una historia de amor, pero una historia de amor un tanto no convencional, con muchos elementos de hadas, violencia, pistolas, bufonadas, etc., algo que ciertos espectadores no pueden perdonar, más si viene desde otra cultura que no entendemos del todo.

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No he tenido muchos trabajos en mi vida, pero puedo comprender perfectamente de lo que hablan cuando dicen que un trabajo es aburrido, monótono y sin vida. A mí, al menos, esos trabajos aburridos me causan un estrés increíble y hacen que desista fácilmente de ellos. No obstante, yo he tenido suerte y sin hijos ni nada de por medio y mucho menos proyectos importantes, renunciar o no a un trabajo no se convierte en un problema. Pero, si me pongo a ver las cosas desde otro lado, y eso es algo que me acabo de dar cuenta hace unos meses, hay gente que necesariamente debe de trabajar, soportando esa monotonía que los hace cada día seres inertes, en donde necesariamente deben soportar todo aquello que les llega de arriba.
Esto que les relato, lo del trabajo en una fábrica de cadenas es real, una de las directoras del film se empleó en esta fabrica para poder subsistir mientras podía tener algún tiempo libre para realizar lo que a ella le gusta, escribir y pensar en cine. Pero seguramente, en todo ese transcurso, algo a la directora no le permitió quedarse en un plano chato de esta experiencia y como buena artista, pudo ver más allá de lo que la realidad le planteaba.
Encontrar a esa persona que te complemente totalmente y enamorarte de él o ella es algo muy difícil en estos tiempos en donde todo sucede tan rápido y en donde el amor parece no ser el protagonista. Tal vez por ello me gustan tanto los dramas románticos, es como ver lo que debería ser en torno al amor y que escasamente se produce en la vida real, claro que con sus contadas excepciones.
Una historia que rodea el amor, el dolor, la resignación, las distancias. Dos mujeres unidas por un oficio. Un oficio que al ser el más antiguo del mundo reúne a muchas mujeres. Dos mujeres que corren a través de la vida que les tocó deseando atravesarla y llegar a una mejor.
consigo.
Adrenalina corriendo por las venas, en cualquier momento podemos ser nosotros quiénes estemos en la pantalla, sin darnos cuenta podemos dejar de ser espectadores para pasar a ser víctimas.
A partir de lo que ve, su modo de vivir da un giro transversal, comienza a correr peligro, a atar a cabos, a reconocerse lejos estando cerca, pierde el control total de lo que sucede.
Por alguna razón, no pude dejarme atrapar por esta película. Se que es buena, me doy cuenta. Pero algo le falta para cautivarme totalmente. Se que las actuaciones están perfectas. Que la fotografía acompaña muy bien. Pero no me alcanza. Una de las posibles razones que despierta esta reacción, es que hace tan solo dos días, he visto la última película de esta directora (Things we lost in the fire) y encontré entre ambas, varios puntos de contacto. Una mujer viuda, obviamente un marido muerto (o así parece), otro hombre que no termina definitivamente de ocupar el lugar del difunto y cosas similares. Si bien Hermanos es anterior a la película que acabo de mencionar, me quedó la sensación de que había visto una buena película que por alguna extraña razón no termina de serlo. Las similitudes me hicieron compararlas y como todos sabemos, las comparaciones nunca son buenas.





