Algunas personas dicen que el cine es el séptimo arte no sólo por cronología, sino también porque abarca y adopta en su seno a los otros seis. Bueno, con el comic ha pasado exactamente lo mismo. La cercana relación que han tenido los dos viene desde la fundación de ambos, la que dista tan sólo en un año de diferencia entre el nacimiento de cada uno. En la búsqueda constante de historias para ser llevadas a la pantalla, el cine se ha servido de varias áreas de nuestra sociedad como fuente de ideas, no quedando el comic fuera de esta esfera. Sin embargo, la relación que entre ambos se ha consolidado en los últimos años, ha pasado por diferentes épocas y estados.
Desde que Alain Resnais relatara cómo encontró en comics como Mandrake y Dick Tracy una importante fuente de inspiración para la creación de los personajes y atmósferas de dos de sus películas, y que además advirtiera de la influencia que las historietas tuvieron en el uso de la profundidad en el fondo de campo en la fotografía de Greg Toland para la influyente Citizen Kane, muchas cosas han cambiado hasta nuestros días de Marvel sacando cuanto personaje de historieta se le aparezca. Desde aquellos días de Resnais, la constante es que el cine ha encontrado en el comic una importantísima fuente de ideas, que algunas veces han funcionado y otras han sido desastrosas. Lamentablemente, la mayoría de veces el fin con que han sido usados los comics son como simples historias para ser llevadas a la pantalla, más impulsado por un afán ecónomico que otra cosa.
Sin embargo, cuando en 2.005 Robert Rodriguez estrenó Sin City, La Ciudad del Pecado, una importante y valiosa aportación artística se volvió a presentar entre los dos, llegando a un nivel nunca antes logrado no sólo entre estos dos medios, sino entre el cine y cualquier otro. Y es que la película dirigida por Robert Rodriguez no es una adaptación cinematográfica de las novelas de Frank Miller, es una unión mucho más profunda: es una conversión del libro a la pantalla.

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Esta película del año 2005 rodada en Francia por un francés internacional como Luc 



Esta es una película dura, cerrada (no hermética), que puede ser difícil de visionar. Es una de esas cintas que logran acongojar y dejar cierta desesperación. Es un filme del y para el sentir, en la cual nos encontraremos (en parte como voyeuristas) observando la vida y las peripecias de tres personajes de Taipei. Más allá de que pueda gustar o no, es una muy buena película (y la aclaración anterior la hago, me veo forzado a hacerla, porque considero que no siempre “el buen cine” es el que más nos pueda gustar o el más espectacular y agradable de ver).
O lo que yo denominaría “Cine Proyectivo”.
Hace 20 minutos que veo titilar el cursor en la pantalla en blanco. Intento pensar como empezar este artículo sobre la película que acabo de ver. Es difícil esbozar una sinopsis sobre esta cinta sin simplificar demasiado la trama. Hacer un resumen de su argumento dejaría fuera muchos de los detalles y subtextos que el director y guionista, 


