O “El Gran Azul”, titulada originalmente “The Big Blue” es una película que supo ser muy taquillera, de 1988 a cargo del director francés internacionalmente reconocido Luc Besson. Es protagonizada por Jean-Marc Barr; Rosanna Arquette y Jean Reno. Trata sobre la vida e historia (legendaria y fílmica; que para nada pretende ser realista) de Jacques Mayol (de quien coloco una imagen), buceador, amigo de delfines y profundista.
La acción empieza en Grecia en 1965. Todo blanco y negro, excepto el azul. Nos encontramos aquí con una increíble fotografía, que se relame (y se relamerá) en los distintos paisajes afrodisíacos y naturales que iremos recorriendo; hecho aumentado además por el gran despliegue (en sentido cuantitativo al menos) de grúas, cámaras áreas y (unas realmente impresionantes) cámaras submarinas. Pero estamos en Grecia y Jacques Mayol aún no es interpretado por Jean-Marc Barr debido a que es un niño. Niño buceador, niño en el agua. Niño que tiene un encontronazo con otro niño debido a que se ha visto una moneda en al agua (una moneda de oro o plata, de un buque antiquísimo o algo así, suponemos) que será rescatada no por él; sino por Enzo (que viene como capo di tutti la mafia) con niños que lo tienen como líder y a los cuales llega a tratar con un gran desprecio, como lo hará con Jacques para agarrarse la moneda, ganarse el respeto, la admiración y la aclamación de toda esa especie de “vulgo” infantil, inmaduro, gritón y mal actuado. Así nos quedamos con un joven Jacques, al cual, un padre (eclesiástico… ya les contaré del sanguíneo…) le pide después de haber presenciado toda la absurda escena que agarre una moneda (otra) que está en el agua. Lo cual el niño hace y cuando quiere acordar el padre ya no está. Tal vez podríamos tratar de buscarle alguna significación algo profunda al hecho sino captáramos que la escena está tan asquerosamente preparada, poniendo “buenos” y “malos” tan fáciles y simples y haciendo un énfasis innecesario con la música de Eric Sierra (constante que está en toda la película; apareciendo siempre para decir “O hijos… Mirad la gran e importante enseñanza que esta película os quiere dar”, de una forma que a mi se me hizo empalagosa y edulcorante; más allá de que el disco, fuera de la película, debe ser uno excelente de “pseudos new wave”…). En fin; luego aparecerán delfines y Jacques se despierta. Está con su padre y otro hombre con el cual este trabaja. Los acompañaremos a salir a pescar (teniendo el padre que bucear con un equipo terriblemente anticuado). Jacques le pide a su padre que no baje, le dicen “¿de qué comemos entonces?” y el padre se tira. Enzo está a lo lejos, con una caña de pescar y verá la escena a continuación (siendo partícipe en unos primeros planos enfáticos y que se explicitarán con el resto de la película); pero la escena consiste en que (y como nos lo había anunciado una y otra vez en menos de cinco minutos de película Luc Besson) algo sale mal y el padre se ahoga. Su hijo grita y llora desesperado, el amigo de su padre lo para para que no se tire al agua. Enzo mira y grita “Jacques”. Y Jacques pega unos gritos de desesperación que sí le salen bien, verdaderos y que crispan la piel.

Añadir a Del.Icio.Us
Pantalla en negro. Silencio. Sobreimprime un fragmento de un cuento de 
Packer, conocido como el primer ciudadano condenado por cometer canibalismo abordando la narración desde sus declaraciones. Pero lejos estaban de producir una biografía seria y minuciosa pues, apelando al humor que luego se conformaría en una marca distintiva en todos sus emprendimientos, hicieron de ella un hilarante y absurdo musical titulado Alferd Packer, The musical. En 1996, cuando el film comenzó a distribuirse, la empresa a cargo quitó el nombre y lo reemplazó por Cannibal comprendiendo que sería irrelevante el título para la inmensa mayoría que no lo conociese.
El film, basado en la obra del dramaturgo y guionista estadounidense Samson Raphaelson titulada Day of Atonement, cuenta con la dirección del mencionado cineasta bajo la producción de los estudios de la Warner Bros. Su narración se centra sobre el pequeño protagonista, Jakie Rabinowitz (
Adrenalina corriendo por las venas, en cualquier momento podemos ser nosotros quiénes estemos en la pantalla, sin darnos cuenta podemos dejar de ser espectadores para pasar a ser víctimas.
A partir de lo que ve, su modo de vivir da un giro transversal, comienza a correr peligro, a atar a cabos, a reconocerse lejos estando cerca, pierde el control total de lo que sucede.





