Alejándonos algo, quizás, de las habituales obras abordadas por el sitio deseo presentar un cortometraje experimental que surgió del ambiente vanguardista de principios de siglo y presenta una interesante composición de imágenes junto con una reconocida banda de sonido que si bien fue creada en el momento de producción de la obra, paralelamente, no fue aunada con la imagen sino casi setenta años después. Hablamos de Ballet Mécanique, un proyecto realizado en 1924 que contó con la ideación del pintor Fernand Léger y el compositor americano George Antheil, junto con la participación del cineasta Dudley Murphy y el icono artístico que ha colaborado con los movimientos dadaísta y surrealista, Man Ray.
El origen de esta pieza en cuanto a su concepción es algo incierto pues tanto Antheil como Léger afirmaban haber propuesto la producción de la obra como producto de la necesidad de acompañar sus sonidos con imágenes, y viceversa. Las disidencias se observaron en el trabajo mismo, es sabido que la labor de ambos se llevo a cabo sin la intervención mutua y, de hecho, la composición del músico llegó, originalmente, a doblar la duración misma de la producción visual. Incluso en su exposición inicial en Viena durante el mismo año, la pieza fue mostrada como silente mientras dos años después el compositor interpretaba su creación en un concierto realizado en París.
Si bien se ha comentado que recién el la década posterior se produjo la proyección del film junto con la banda de sonido en una interpretación en vivo, no hay pruebas concluyentes de ello. En el año 1990, por su parte, esta unión se produjo para una producción televisiva sueca con el empleo de sólo dos pianos (veremos más adelante los instrumentos originales propuestos para la interpretación)
El cortometraje carece, acorde con los principios dadaístas, de una secuencia lógica narrativa, no hay principio ni fin, solo una sucesión de imágenes que podría durar ad infinitum de no ser por la presentación inicial y final de una suerte de Charlot, personaje emblemático de Charles Chaplin, cuya alusión fue en verdad fue un homenaje, convertido por formas cubistas a las que Fernand Léger en sus pinturas había recurrido para ligarlas a una concepción personal de la representación. En sus múltiples segmentos y cuadros fijos veremos imágenes caleidoscópicas en movimiento como así también piezas geométricas planas que harán referencia al concepto gestáltico del fondo y la forma. Las recurrentes apariciones de Kiki de Montparnasse establecen un referente claro al qué asirse en una composición de esta naturaleza, la veremos sonreír a cámara en primeros planos e incluso detalles de su boca con esta gestualidad utilizando un maquillaje contrastante que pretende intensificar la presencia de ciertas partes de su rostro, multiplicado por espejos que dispone lateralmente para complejizar la imagen. También la hallaremos meciéndose en una hamaca, mas ello tiene una particular importancia por la cuestión principalmente dinámica, el movimiento oscilante, pendular que se presenta tiene una clara coherencia con los que observaremos ejecutan las máquinas representadas. Estas son un elemento importante en la composición, junto con la banda de sonido, en tanto permiten ligar a la obra con ciertos conceptos que pertenecen a la estética futurista.

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Cuando dejó el Instituto de Arte de California,
Centrado en el uso de las nuevas tecnologías digitales en el cine, expone lo mejor de la producción mundial en sus proyecciones, y al cabo del año premia entre las películas seleccionadas, constituyendo sus premios una especie de “Lo mejor de lo mejor” de la producción de los años recientes. El cortometraje, que lleva recorriendo el mundo desde 2005, ha logrado romper la barrera de los 150 festivales internacionales que lo eligen para Sección Oficial, y sigue llevando el nombre de Canarias por todo el orbe, a pesar de los años transcurridos desde su realización.
Aprovechando la celebración del 
Admirador de Walt Disney, 



