La extensa obra del director americano John Ford comienza casi en los albores del siglo XX con la vasta producción de cortos y largometrajes dentro de los parámetros del género western, por el cual es por muchos reconocidos y al que principalmente se atendría hasta el rodaje, en 1926, de Three Bad Men. Nuevas pretensiones creativas y, en principio, el esencial condicionamiento de un público cuya atención se representaba para entonces en una decreciente rentabilidad de este tipo de producciones hicieron que Ford le abandonase de momento. Su retorno al mismo se daría recién a comienzos de la década de 1940 con el celebrado film Stagecoach, luego de haber
incursionado sólidamente en el drama e incluso la comedia, donde pudo desarrollar y desplegar un característico estilo que le ha hecho merecedor de múltiples galardones y alabanzas por parte de figuras ilustres en la producción cinematográfica, muchas de las cuales han admitido su influencia en la obra personal. Entre ellos se destacan Jean Luc-Godard, Akira Kurosawa, Ingmar Bergman, Orson Welles, y François Truffaut, quien concluyentemente caracteriza al director como uno “de esos artistas que nunca pronuncian la palabra “arte” y de esos poetas que no hablan nunca de “poesía”. La obra de Ford se ha caracterizado por alejarse de meros fastuosos esteticismos del relato para poner a la cámara a disposición de las fuerzas del drama en la construcción de una narrativa que vincula fuertemente al personaje con el espacio que lo circunda y enmarca sus actos. Usual fue en su modo de trabajo recurrir a locaciones para el rodaje de las tomas, proceso en que aplicaría un trabajo minucioso y justo pretendiendo con ello disminuir la labor del editor e intervenir activamente en el proceso de montaje, en el que los directores tenían, para entonces, poca incidencia. El producto de ello conjuga, a la vez, un poderoso sentido de lo real ligado a un ineludible vínculo de compromiso emocional con el espectador.
Una de sus obras mas elogiadas es la cinta The grapes of wrath (también conocida como Las uvas de la ira), realizada en el año 1940 con la invaluable colaboración en el área de dirección fotográfica de Gregg Toland, quien participara al año siguiente en la producción de la obra maestra de Orson Welles, Citizen Kane. El film, cuya historia basó en las palabras de la pieza homónima escrita por el literato estadounidense John Steinbeck, ganadora del Premio Pulitzer en 1940, es uno de los tantos en su filmografía que retoman producciones consagradas, como también lo fue How green was my valley (de Richard Llewellyn) y The long voyage home (Eugene O’Neill), entre otras.

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Este tan esperado regreso de 
Las películas dramáticas muchas veces nos dejan esa sensación de que en la vida no hay consuelo, la depresión y la falta de solución de los problemas cotidianos suele ser mostrada con una mirada crítica, severa y casi irresoluble. Realmente una película así no enseña nada, al menos no desde el punto de vista de que uno irremediablemente debe seguir caminando y avanzando.
odo ello planteado desde la particular comicidad del cuarteto que conjuga un absoluto dominio del ritmo humorístico, continuos gags sagaces y una verborragia incansable. Aún así, fue el contexto político y económico el que incidió sobre la pobre aceptación de la cinta: mientras los Estados Unidos, devastados, luchaban contra la depresión que, por supuesto, había disminuido drásticamente el número de espectadores debido al apremio económico, Alemania nombraba como Canciller al austríaco Adolf Hitler e Italia era sometida a la dictadura fascista. En semejante panorama caótico el desprestigio de las figuras de poder no parecía buena idea y fue de inmediato catalogado como una obra inmoral. No es sino a partir de la década de los sesenta en que Duck Soup comienza a revalorizarse y pronto se convierte en un clásico cinematográfico por su contenido incisivo.
El film, basado en la obra del dramaturgo y guionista estadounidense Samson Raphaelson titulada Day of Atonement, cuenta con la dirección del mencionado cineasta bajo la producción de los estudios de la Warner Bros. Su narración se centra sobre el pequeño protagonista, Jakie Rabinowitz (
Actualmente en cartelera podemos encontrar una película titulada “
n
respecto al cast sus expectativas eran igualmente precisas pues es sabido que podía incluso rodar tomas en forma interminable hasta hallar aquella expresión deseada. El mencionado film Jezebel no es de ello excepción. Su producción fue realizada en el año 1938 en base a la pieza teatral original del dramaturgo estadounidense
La narración tiene por protagonista a Mark Thackeray (Poitier), un capacitado ingeniero en comunicaciones que ha pasado sus últimos dieciocho meses buscando trabajo en el área de su especialización sin éxito alguno pues, sutilmente se sugerirá, la cuestión racial parece haber tenido particular importancia. La posibilidad de ingresar como docente en una escuela secundaria londinense localizada en los suburbios resulta entonces una medida adecuada, al menos hasta conseguir el puesto que desea. La primera aproximación al grupo que se le ha destinado es verdaderamente desalentadora pues está constituido por un grupo de jóvenes indomables liderados por dos muchachos, Pamela (


