Garage Olimpo fue filmada en 1999 y dirigida por el realizador Marco Bechis, con un guión de su propia autoría junto a Lara Fremder. Su estructura dramático-histórica se sitúa en un período nefasto de la historia argentina, aquí abordado desde 1976, año en que se efectuó la última toma militar del gobierno, y 1982, momento en que se puso en marcha un vergonzoso plan para la recuperación de las Islas Malvinas que, liderado por el infame Leopoldo F. Galtieri, no fue más que una mera distracción que mantuvo al pueblo sumido en un sentimiento de nacionalismo mientras atrocidades se cometían en todo ámbito de su gestión. Similar sucedió con el mundial de fútbol de 1978 y el conflicto del Beagle que “culminó” en 1979 con la intervención papal, ambos también incluidos en el período abarcado por la obra y claramente referenciados en ella.
La escena inicial desde la que se deriva el relato cronológicamente, se sitúa en una villa de emergencias en la Capital Federal donde hallaremos a la joven protagonista, María (Antonella Costa), a cargo del dictado de clases de lectura y escritura básica a un grupo reducido de adultos. Mas poco después se expondrá otra de sus actividades al presentar junto a ella, ya en pleno centro urbano, a un muchacho que, comprenderemos, resulta ser un compañero de la agrupación de militancia a la que pertenece y con el que organiza secretamente un encuentro durante el próximo partido de fútbol. Es aquí cuando el conflicto de la narración comienza pues un “grupo de tareas” (denominación con que se pretendía aludir a las células de captura y tortura que tenían el fin de obtener información sobre actividad política disidente) los observa a bordo de un Falcón oscuro, símbolo emblemático de las organizaciones represivas.
Poco después se presentará a la figura de su madre (Dominique Sanda) quien luego del divorcio de su ahora adinerado marido ha encontrado su sustento en el alquiler de las piezas de su propiedad. Entre sus inquilinos hallaremos a Félix (Carlos Echevarría), un joven de apariencia serena con quien María mantiene una extraña relación basada en un vínculo de escasa atracción y mera simpatía que no culmina por constituirlos como pareja. Hecha la presentación de los tres personajes fundamentales, el film comienza a desarrollar el conflicto que tuvo sus inicios en aquel encuentro clandestino: un grupo parapolicial irrumpe en la vivienda y, luego de realizar una exploración general del inmueble y sus habitantes en búsqueda de posibles subversivos, apresan y raptan a María. Solo responden a las desesperanzadas súplicas de su madre argumentando su sustracción dada la necesidad de realizarle “algunas preguntas”, cuando en realidad era captada por su actividad paralela a la docencia. La joven es llevada, entonces, al centro de detención que da nombre a la obra, donde, inicialmente, es trasladada al “quirófano”, un reducto donde se realizan torturas utilizando, sobre todo, picanas. Aquí, luego de recibir durante horas altas descargas eléctricas para obtener información sobre procedimientos y planificación subversiva, y un tratamiento de electroshock para la normalización de su pulso, es relegada a la autoridad de un joven que, inesperadamente, resulta ser Félix, aquel apacible inquilino con quien compartía vivienda. Es este quien, respondiendo a su confuso afecto mas también a su deber, continua la tarea mas otorgándole ciertas concesiones (como el descanso esporádico). La relación entre ambos se ven entonces resignificada en una suerte de simbiosis pues aquél puede significar su salvación, o al menos un menor sufrimiento y ella constituye un vestigio de lo que de su sensibilidad y “vida corriente” queda.
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