
Una de las series de televisión más famosas de todos los tiempos fue El virginiano, que empezó a emitirse en 1962 y prolongó su existencia hasta 1971. En ella, además del protagonista, destacó un joven actor de complexión atlética, pelo rubio y poderosa mandíbula que encarnaba un simpático personaje llamado Trampas. El actor, Doug McClure, con una filmografía muy extensa y ciertamente popular en su país, pero casi siempre relegado a roles televisivos y secundarios.
A mediados de los 70, sin embargo, a McClure le llegó la oportunidad de interpretar varios papeles protagonistas en una serie de producciones británicas que, aunque ahora casi olvidadas, obtuvieron muy buenos rendimientos comerciales en su distribución europea. Las películas, pertenecientes al entrañable subgénero de monstruos prehistóricos, se caracterizaban por sus presupuestos de serie B, sus efectos especiales artesanales (hoy desfasados pero no exentos de encanto, como sucede con las viejas películas de Godzilla y demás criaturas del kaiju eiga) y su innegable capacidad para entretener a la chiquillería de la época y, por qué no, a los adultos que en su infancia soñaron con las fantásticas historias de Edgar Rice Burroughs, autor en el que se basaron la mayoría de los guiones.
La bonanza para McClure empezó con La tierra olvidada por el tiempo (The land that time forgot, 1975), dirigida por Kevin Connor, a la que siguieron En el corazón de la tierra (At the earth’s core, 1976), coprotagonizada por el gran Peter Cushing y la bella Caroline Munro; y Viaje al mundo perdido (The people that time forgot, 1977), secuela de la primera. Los conquistadores de Atlantis (Warlords of Atlantis, 1978) cerró la serie y, como todas las demás, también la dirigió el inglés Kevin Connor, aunque curiosamente fue la única que no adaptó un relato de Burroughs.
La historia tiene todos los ingredientes necesarios para deslumbrar al público infantil (al menos el de la época) y agradar a los aficionados a las aventuras fantásticas en la línea de Verne o el propio Burroughs. A finales del siglo XIX, un pequeño barco se aventura en el Triángulo de las Bermudas en busca de vestigios de la legendaria civilización de Atlantis. El profesor Aitken y su hijo Charles (Peter Gilmore) han logrado persuadir a su amigo Greg Collinson (Doug McClure), diseñador de una especie de campana de inmersión precursora de los actuales batiscafos, para que se embarque en la aventura. Greg cree que el propósito de la expedición es estudiar la fauna y flora marinas, pero el descubrimiento de una enorme y antiquísima estatua de oro macizo en las profundidades del mar provoca su recelo y Charles acaba confesándole sus verdaderas intenciones.


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