
Hanna escucha atentamente la narración de Michael
Tras el resacón post-oscars y con la sensación de que todo estaba escrito, llega la hora de comentar la única de las cintas nominadas aún no comentada en esta nuestra casa. Se trata de ‘The Reader’, tercera película del exquisito realizador inglés Stephen Daldry, un hombre que puede presumir de contar con una nominación al Oscar como mejor director por cada uno de sus trabajos.
‘El lector’ podría describirse simplemente mediante su acertadísima paleta cromática, a cargo de los insignes Roger Deakins (su trabajo le ha supuesto su octava nominación al oscar y su octava vuelta a casa de vacío) y Chris Menges (ganador de la estatuilla en dos ocasiones, ‘La Misión’ y ‘Los Gritos del Silencio’). Su uso del color es ejemplar, fragmentando la historia en tres actos perfectamente diferenciables, y asociados a los tres conceptos sobre los que gira la trama: primero la pasión, después la culpa, y finalmente, la redención.
La ‘pasión’ se corresponde con el tramo inicial de la cinta, y su tratamiento es cromáticamente cálido, pero vacío en el sentimiento. Michael Berg (David Kross) se dirige gravemente enfermo hacia su casa, cuando hace una breve pausa para descansar en un portal. La suerte quiere que Hanna Schmitz (Kate Winslet) se apiade de él y le ayude a llegar a su casa. Una vez recuperado, se dirigirá al mismo portal en busca de su salvadora, con la intención de darle las gracias. Sin embargo, el agradecimiento se transforma en deseo, y sirve de pié a un apasionado romance, hasta que ella desaparece misteriosamente.
Es una lástima que este sea el tramo más pobre y largo de la película y dónde Daldry comience a mostrar sus carencias como cineasta. Su excesivo academicismo no ayuda precisamente y esta parte cae en un erotismo carente de garra. Es posible que más de un espectador haya echado en falta la sensualidad que podría haberle imprimido, por poner un ejemplo, Bernardo Bertolucci.
Afortunadamente, la película mejora en su segunda parte, cuando la pasión da paso a ‘la culpa’. Michael es ahora un universitario estudiante de derecho que asiste a un juicio por crímenes de guerra. Ante su sorpresa, la acusada de la muerte de más de 300 judíos no es otra que su amada Hanna. Menges cambia los colores cálidos por colores más suaves y claros. Necesita que veamos con claridad el derrumbe moral del personaje de Michael al ver como la persona que ha definido parte de su personalidad es poco menos que un monstruo. La claridad es la verdad, y la verdad es terrible. Siempre lo es. En su tramo final, la luz se vuelve fría y dura, es la frialdad del peso del tiempo, y la dureza de la redención.
El desvanecimiento cromático está perfectamente acompañada de una justa y medida evolución de los personajes de Hanna y Michael. Michael pasa de ser un adolescente inocente y curioso a ser un adulto seco y desengañado. Atención al joven David Kross, que borda su papel, hasta que en el tercer acto es sustituido por un muy correcto Ralph Fiennes.
El joven Kross brilla con luz propia eso sí, siempre a la sombra, claro está, de Kate Winslet, es inevitable destacar su dilatada interpretación de Hanna Schmitz, a la que vemos envejecer durante más de 40 años en las 2 horas que dura la película. La relación de Winslet con su papel parece marcada por el destino. Fue la primera opción para interpretarlo, pero tuvo que rechazarlo para poder ser April Wheeler en ‘Revolutionary Road’. Su sustituta, Nicole Kidman, a la cual Daldry dirigió en ‘Las Horas’, también tuvo que abandonar el papel a causa de su embarazo. Así finalmente el papel volvió a Winslet. Por el camino, Juliette Binoche, Marion Cotillard y Naomi Watts intentaron hacerse con el papel.
Más de siete horas de maquillaje, que dicho sea de paso, dejan mucho que desear, le ha costado a Winslet meterse bajo la piel de la guardiana nazi. Lo realmente prodigioso de la actriz británica, es que su interpretación realiza un espectacular “in-crescendo” interpretativo que justifica sobradamente el aluvión de premios cosechados.

Merecido Oscar para la actriz británica
Pero no todo funciona en ‘The Reader’, su narración adolece de falta de ritmo y de emoción. El principal problema de Daldry al afrontar su adaptación de la novela de Bernhard Schlink, ‘El lector’, es su mirada ausente, ausente a propósito. Para comprobarlo, sólo hay que fijarse en los inumerables planos largos en los que vemos a los personajes solos en sus habitaciones, despachos…celdas. Porque el elogiable intento de Daldry de dejar a los personajes solos con su sufrimiento, de no caer en la “lágrima fácil” o en la excesiva emotividad, desemboca en la frialdad mal entendida como emoción contenida. Una pega que hace que una película que podría haber sido realmente grande, se quede algo coja, y termine siendo una cinta poco más que correcta. Correcta, pero sin pasión.

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1 Comentario en “‘The Reader’ (‘El Lector’), difícil lectura”
Buena crítica.