Vaciedad. Esa es la sensación que deja esta película, de la que se esperaba bastante, y que resulta ser un fiasco en casi todos los sentidos. Normalmente dejo que mis críticas de cine se vayan llenando de argumentos hasta que el lector llegue a una conclusión final. Hoy no dejo lugar para el suspense, porque es que tampoco lo deja Mr. Brooks.
En el primer minuto, ya se sabe que Earl Brooks (Kevin Costner) es un asesino en serie, preso de la adicción que provoca la acción de matar. Poco después, se desvela que ha sido elegido “el hombre del año” gracias a las labores en su empresa, con unos beneficios económicos en alza. En uno de sus asesinatos (a una joven pareja durante su intimidad), es captado por la cámara de Smith (Dane Cook), un vecino voyeur de las víctimas, que hábilmente le chantajea para no denunciar las fotografías. La rica divorciada reconvertida a policía Tracy Atwood (Demi Moore) sigue las pistas de Smith mientras dura su arduo proceso de separación.

Quería pensar que, Costner, que francamente se sale de su registro habitual, iba a tener una interpretación memorable, en la que se apoyara todo el peso de la película, y nos diera su mejor actuación desde JFK o Un Mundo Perfecto. Pero nada de eso sucede, y encontramos a Kevin en el papel de Mr. Brooks de una forma pasiva y dejada, como si todo esto no fuera con él. Su demonio interior, su alter ego sádico y perverso, con quien Brooks establece conversaciones acerca de su maldad y de su otra cara asesina, está encarnado por el casi siempre excelente William Hurt, que en esta ocasión hace un papel calcadito al de Una Historia de Violencia, histriónico e inaguantable. Demi Moore está a todas luces inverosímil e insuficiente como detective, y Dane Cook hace lo que puede como perturbado chantajeador. Las apariciones de Marg Helgenberger (CSI Las Vegas) y Danielle Panabaker como respectivas mujer e hija del protagonista son convincentes pero mal aprovechadas.
En cuanto al guión, es clamorosa su pretenciosidad y su abundancia de premisas argumentales forzadísimas para causar efecto, con los típicos giros sorpresivos, que de tan sorpresivos, conforman un patrón por lo que finalmente resultan predecibles, como el momento en el que Brooks sospecha que su hija Jane ha heredado su sed de matar. Todo el proceso de chantaje y tensión psicológica entre Brooks y Smith es irrisoria, en la medida que los sucesivos tiroteos finales son a todas luces innecesarios y exagerados, incluidos para reforzar el factor violento de este intento de thriller. El susto final está tan manido, tan visto que deja indiferente e invariable al espectador, con unos últimos minutos mal desarrollados y desaprovechados. Además, no podemos contar originalidad, ya que la historia resulta ser una mediocre mezcla de El Club de La Lucha, Fargo (y en general el cine de los Coen) y El Silencio de los Corderos, pero sin rastro alguno de intriga o de todas esas virtudes que caracterizan al buen cine negro. La banda sonora tiene unos molestos altibajos, sobretodo resultan insoportablemente inadecuados los acompañamientos musicales para las escenas especialmente violentas.
En favor tiene la fotografía, muy expresiva y con claroscuros muy acertados, y la sobria y minuciosa dirección del debutante Bruce A. Evans, correcta en todo caso, pero se ven tan suplidas por las continuas arbitrariedades de la trama que apenas resulta una curiosidad. En todo caso, una pena, sobretodo por las expectativas que evocaba el periodo previo al visionado de esta película. Como decía al principio, un fiasco en casi todos los sentidos, incluido Kevin Costner.


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Comentarios de “Mr. Brooks: suspense cero, señor Costner”
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