
Los Oscar de este año tienen un riesgo menor que los del pasado, capaces de hacer competir dos propuestas que, más allá de sus resultados, apostaban por una rarísima ambición y una esquinada puesta en escena capaces de desconcertar al espectador más entregado: ‘Pozos de ambición’ y ‘No es país para viejos’ eran dos películas que harían desertar a más de un académico que votó fielmente propuestas más digeribles y mainstream como ‘Rain Man’ o ‘Paseando a Miss Daisy’. Este año nos encontramos absolutamente centrados en el ascenso de una Penélope Cruz nominada por su papel en la lamentable ‘Vicky Cristina Barcelona’ o por el éxito en nominaciones de la maravillosa ‘El curioso caso de Benjamin Button’. Tampoco hay que olvidar el lado negativo, ya sea el olvido de la Academia de una propuesta que encandiló al gran público y crítica como ‘The Dark Knight’, presente sólo en premios importantes Heath Ledger mediante, o ‘Revolutionary Road’ de Sam Mendes, además de destacar el olvido de ‘Cadillac Records’ o el ninguneo, merecido, a ‘Siete Almas’ el intento de Will Smith por repetir nominaciones como ‘En busca de la felicidad’.
A priori, lo más interesante de los Oscar está en mejor director y mejor película, no tanto ya por la calidad, sino por el significativo relevo generacional de este año. Al margen de los dos habituales en confeccionar cine premiable, Stephen Daldry y Ron Howard, llegan a competir tres directores como Danny Boyle, David Fincher y Gus Van Sant, cuyo interés continuo en las renovaciones formales ha sido una constante en su exquisita filmografía. Pero si la Industria y la Academia nominan a estos cinestas la pregunta es todavía más inquietante: ¿Ha renunciado alguno de ellos a su vocación experimental? ¿Se ha perdido a esos cineastas imprevisibles de antaño? La respuesta es, como siempre, mucho más difícil de lo que parece ya que tanto Fincher como Van Sant han filmado películas encomiables, notablemente dirigidas y con un innegable cuidado visual mientras que Boyle ha decidido firmar una de sus propuestas más discutibles, un extraño cocktail bollywoodiense con estética post-documental que no tiene la fuerza de sus dos propuestas más lúdicas hasta la fecha, ‘Trainspotting’, odisea yonki algo caducada pero interesante, o ‘Sunshine’, extrañísima película de ciencia ficción concebida a través del cegador poder de la luz.
Entre los actores, sin embargo, el duelo parece más resuelto: al previsible triunfo de Ledger, al que sólo un Robert Downey Jr. o un Michael Shannon aportarían una contrapartida positiva, podría sumarse el de Mickey Rourke, un ídolo caído con mejor imagen que el excelente Brad Pitt. Entre las actrices Kate Winslet parece condenada a ganar a la habitual Meryl Streep (y el resto de candidatas parecen destinadas a sorprender en el mejor de los casos) y el duelo entre secundarias se antoja más reñido: Taraji P. Henson, Viola Davis, Amy Adams y Marisa Tomei son una gran competición para Cruz. De los apartados técnicos se vislumbra triunfo repartido entre Button y Batman y la película animada condenada a ganar es la inmensa ‘Wall-E’, cuya ausencia entre las “mejores películas” demuestra que a la Academia todavía le quedan muchos moldes que romper.

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