
De su éxito masivo ‘Songs from the Big Chair’ de los Tears from Fears queda un himno imborrable: ‘Everybody wants to rule the world’, canción que servía como temprano epílogo y síntesis de la década de los ochenta, la de los Masters del Universo, o al menos así lo interpreta Kenneth Branagh que en ‘Los amigos de Peter’ lo coloca como resumen de una década y de la que esta bella historia escrita por Rita Rudner y Martin Bergmann se declara melancólico diagnóstico.
Empieza la historia de este grupo de amigos unidos por el teatro en la nochevieja de 1982 aquella en la que hubo una foto y también una separación: después de los deliciosos créditos se nos situa diez años después, en el final de 1992 en los que cada uno de ellos ha tomado un rumbo distinto. Sorprende de Branagh lo cómodo que se siente liberado de sus retos fílmicos que conllevan Shakespeare, más un deber nacional que un sentir particular, ya que su anterior película, el rarísimo noir ‘Morir Todavía’, revelaba a un creador en plena sintonía con la experimentación posmoderna y su reinvención constante de viejas tradiciones con nuevos e inesperados laberintos añadidos, dicho sea esto teniendo en cuenta que ‘Henry V’ no es un film desdeñable.
La película se desliza enseguida por unos diálogos deliciosos capaces de describir con firmeza y sin excesiva prisa a sus personajes, desde el fracasado Andrew, encarnado por Branagh, hasta el anfitrión, el cultísimo y paciente Peter, al que da vida un Stephen Fry en plena forma. Se le añade el ahora célebre Hugh Laurie encarnando a Roger e Imelda Staunton como su esposa, Mary, una pareja de compositores de jingles con una herida de la que será difícil escapar. También Sarah, con la sorprendente Alphonse Emmannuel y la libertina Maggie, a la que da vida una inmejorable Emma Thompson, completan este círculo de amigos reunidos a la fuerza y con una adultez mal digerida en el mejor de los casos. Branagh se muestra sólido e inquieto tras la cámara, brinda un plano secuencia para el reencuentro de los amigos lleno de fuerza y nervio altmaniana, pero con los diálogos llenos de ingenio que ayudan al reusltado final.
La película encuentra en Carol, interpretada por la misma Rudner, un contrapunto histórico para dar en un personaje al resultado de los ochenta, estrellas televisivas rica sy decadencia final. Puede parecer que esta sea una historia de redenciones, pero no es así, la sorpresa final revela a esta cinta como un pequeño clásico humanista y un triste epitafio para una década en la que nunca hubo utopías, a lo sumo una amistad en tiempos para divertirse. 1982 fue seguido por los tiempos de Reagan y Thatcher, el neoliberalismo individualista que fue una época tan sombría para la gente como fértil para los creadores, y los de las grandes empresas como las de Ted Turner que se convirtieron en iconos de la ostentación corporativa como lifestyle. Son sombras que se ciernen sobre estos personajes, en continuo disgusto emocional con sus decisiones, que lejos de admitir sus errores o dar esperanza, encuentran un final en el que son capaces de volver a la improvisación, mediante la palidez del recuerdo, de una amistad.
Comparte la película muchos elementos con algunas anteriores, sin ir más lejos ‘Reencuentro’ de Lawrence Kasdan y como aquella usa las canciones con temprana y precoz nostalgia para dirigirse a unos personajes concretos. Sin embargo, Kasdan usó a sus personajes para constatar el feroz devenir de los jóvenes contraculturales y describir, con inmediatez, la digestión del inicio de la era Reagan y les situó buscando algo de paz en sus vidas. En ‘Los amigos de Peter’ los problemas no se resuelven, es posible que esto no sea lo importante, sino que la reunión es, sencillamente, el único motivo es el de la despedida y la memoria.

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1 Comentario en “‘Los amigos de Peter’ o lo que queda por vivir”
Me apetece verla, gracias por la recomendación