Aquellos entrañables años 60, donde todo el mundo capitalista estaba asentándose fuertemente en las grandes ciudades del mundo, vio nacer y crecer a un grupo selectos de hombres que son responsables de lo que hoy en día genera el mayor porcentaje de circulación en los medios masivos de comunicación, una publicidad de la que no podemos prescindir aunque quisiéramos.

Hoy hablaremos de la serie Mad Men, temporalmente ubicada en la fabulosa década de los 60, que obtiene su nombre del apodo que se les adjudicaba a los publicitarios de la Avenida Madison, “the MADison MEN”, una de las zonas de mayor explosión financiera de las primeras décadas del siglo XX en la ciudad de Nueva York.
La serie se sucede principalmente en la agencia publicitaria llamada “Sterling Cooper”, una de las grandes empresas de publicidad que pretende representar a aquellos crecientes emporios de la época. Sterling Cooper pertenece en su mayor parte a un excéntrico caballero, Bertram Sterling (Robert Morse), que tal vez nada sabe de publicidad como hoy la conocemos, en ese momento el mejor vendedor realmente podía
ser el mejor publicista. La compañía se encuentra realmente al mando de Roger Sterling (John Slattery), el socio con menor porcentaje de acciones pero con el real liderazgo, un hombre muy elegante que ronda los 50 casi 60 años. El toma las decisiones día a día en la oficina, conoce a sus empleados de cerca y a diferencia de las grandes corporaciones de la actualidad, interviene a cada momento con conocimiento de causa.
El segundo a cargo de la empresa, es el Director del Departamento Creativo y primer publicitario, Donald “Don” Draper es interpretado por el gran actor Jon Hamm. Don es un hombre que no sólo vende las ideas de las demás de forma única, sino que también sabe venderse a si mismo como alguien infalible e inalcanzable, el hermetismo con el que se maneja y la altanería con la que dirige muchas veces hace que los demás tengan una mirada de sumo respeto ante el, como si fuera realmente dueño del mundo publicitario.
La serie comienza con la llegada de una nueva secretaria para el señor Draper, Peggy Olson (Elisabeth Moss), una joven que claramente no pertenece a ese mundo de mujeres y hombres que negocian con todo lo que tienen a su alcance. Si bien sus esfuerzos por encajar en el ambiente de trabajo son muy arduos, nunca logra asimilar realmente que es lo que sucede con sus compañeros de trabajo y el devorador mundo en el que se mueven. Intentando simular ser una chica más del montón, se embarca en una aventura con un ambicioso joven publicitario inescrupuloso que pretende destronar a Don y está a punto de
casarse, Pete Campbell (Vincent Kartheiser). A lo largo de la serie Peggy no sólo oficia de secretaria, sino que también comienza a colaborar en algunos avisos publicitarios radiales dirigido al público femenino, ganándose el respeto y confianza de su jefe así como también las burlas de muchos de sus compañeros. Pero no todo es felicidad para Peggy, al finalizar la primera temporada, descubre que todas sus aspiraciones profesionales pueden acabarse muy pronto, al enterarse de que está embarazada de Pete.
Una de las grandes campañas que maneja esta agencia en los comienzos de la serie pelea contra el reciente descubrimiento de los efectos nocivos del cigarrillo, una sociedad alarmada por un hábito placentero. La marca “Lucky Strike” es el primer desafío de Draper, vender el producto más vapuleado del mercado. Por supuesto para Don nada es imposible.
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