Lo primero que pensé cuando me enteré que Brad Pitt iba a protagonizar una película sobre la guerra de Troya fue: qué valiente! qué valiente al embarcarse en un proyecto sobre un tema que generalmente es considerado aburrido, árido, para viejos, etc.
Por más superproducción que sea, por más efectos especiales que le pongan y por más que en esa época Gladiador había sentado un presente en cuanto al éxito de películas épicas, un film basado en la Ilíada de Homero inevitablemente se tenía que sustentar sobre cualidades artísticas.
Llamaba la atención que en lugar de hacer otra película de acción Brad Pitt se embarcaba en un proyecto sobre un clásico de la literatura. Luego, con el tiempo hemos visto que el rubio actor ha mantenido a lo largo de su carrera un delicado equilibrio entre roles de galán y películas interesantes.
Luego, cuando me enteré que iba a encarnar al personaje de Aquiles me surgieron algunas dudas…
Recuerdo cuando estaba en la sala de cine y llegó la escena en la que uno de los jefes aqueos decía (más o menos): “y ahora quién de nosotros se enfrentará a este temible guerrero?” y Agamenón llamaba: “¡Aquiles!”, todo el público soltó una sonora carcajada. La idea de que Brad Pitt viniera al rescate de un ejército resultaba más cómica que épica.


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(Es maravillosa la capacidad de 






