Si hay un escritor contemporáneo cuya obra se hayan llevado con más asiduidad a la gran pantalla (con resultados muy dispares, desde las obras maestras al esperpento más ridículo) es Stephen King, quien también colaboró a esta difusión cediendo los derechos de sus relatos por el precio simbólico de un dólar a estudiantes de cine, y precisamente de esta iniciativa surgió, en 1983, el cortometraje “The woman in the room”, de un joven llamado Frank Darabont, quien décadas después entraría a lo grande en la Historia del cine con la extraordinaria “Cadena perpetua”, y que ha conseguido dotar a la obra de King de un respeto que hasta entonces pocas adaptaciones tenían ( si bien ahora se encuentra escribiendo el guión de su próximo proyecto, otra adaptación de “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury).
En “La niebla” Darabont vuelve a adaptar un cuento de Stephen King, aportándole su sello personal, sobre todo en el polémico final del que hablaremos más tarde, consiguiendo una buena película de terror/suspense en la línea de los mejores clásicos del cine de serie B (en cuanto a presupuesto, no en cuanto a calidad, recordemos que ha costado poco más de 15 millones de dólares, lo que en Hollywood podría considerarse prácticamente como una película “independiente”).
La acción transcurre una vez más en la ciudad por excelencia de la obra de King: Castle Rock, que ha sido afectada por una tormenta, y en la que el pintor David Drayton (Thomas Jane) se dirige con su hijo y su vecino a un supermercado a comprar provisiones, pero, una vez allí, se ven sorprendidos por una extraña niebla que rodea el lugar y que oculta un terrible y peligroso misterio que hace que los se adentran en ella no vuelvan a aparecer, a partir de ahí se inicia una lucha por cómo sobrevivir a ese extraño fenómeno, aunque tal vez lo peor no está en La niebla…


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