Cuando se habla de las películas de los estudios Disney, varias cintas hacen instantáneamente irrupción en nuestra memoria visual: Blancanieves, Pinocho, La Bella Durmiente, El Rey León, La Bella y la Bestia… Imagino que cada uno de vosotros tendrá un título favorito. El libro de la selva forma parte de esa lista imaginaria, que recientemente tuvo una edición especial coleccionista. Y es que cuarenta años después de que fuera terminado es necesario recordar que hace falta muy poco para ser feliz…
El 15 de diciembre de 1966, “el español” Walt Disney dejaba la vida y una obra inestimable. Su gigantesco patrimonio y la herencia que dejó tienen que ver con lo económico, pero sobre todo con cortometrajes, largometrajes, creaciones audiovisuales revolucionarias y colaboraciones maravillosas. Inspirado por pintores como Dalí (echad un vistazo al cortometraje Destino) otros grandes cineastas como Murnau (el segmento de El aprendiz de brujo en Fantasia), su trabajo con artistas de todos los puntos del globo terráqueo son una prueba irrefutable de su apertura de espíritu y de su increíble ambición para el desarrollo del cine de animación. Todo un personaje misterioso, un tirano (según dicen las malas lenguas), un visionario, una criatura de desbordante imaginación que en 1966 supervisaba el decimonoveno largometraje del estudio: la adaptación de la novela de Rudyard Kipling, El Libro de la Selva. Para ello se rodearía de algunos de los mejores de la época, Wolfgang Reitherman ocupó el puesto de realizador. Animador en las primeras obras Disney, ya había trabajado como realizador en 101 Dálmatas y El Mago Merlín. Las canciones correrían de cuenta de los hermanos Sherman, que acababan de terminar Mary Poppins, George Bruns se encargó de la música.
Por lo que se refiere a la composición de las canciones, los hermanos Sherman, recién terminada su experiencia en Mary Poppins, se ocuparon de poner música al cuento en el que aparecen tantos animales. Wright y Anderson se encargarían de reducir una novela rica en personajes de trescientas páginas a una hora y media de duración.
Las diferencias entre el libro original y el trabajo que hicieron en Disney son numerosas. Voluntariamente, Walt Disney decide aclarar el universo demasiado oscuro de la novela de Kipling, permitiéndose muchas libertades hasta conseguir una película familiar. Los personajes sufren una serie de transformaciones de las que podemos destacar: Bagheera se convierte en una figura paternal muy seria, en oposición total con el maternalismo y su propensión a malcriar a Mowgli del libro, Shere Khan es un malo al más puro estilo de la tradición Disney, alejándose del despreciable cojo presentado por Kipling. Kaa, la serpiente, es amigo de Mowgli desde el comienzo de la película y no un personaje de oscuras intenciones como pinta la película.
Cerca de cinco años de trabajo fueron necesarios para tener lista la película del Libro de la Selva, que se estrenó el dieciocho de octubre de 1967 en Estados Unidos. Miles de ojos se clavaron en las cifras de la cinta. El presupuesto era un récord, veinte millones de dólares, que podían suponer el cierre de los estudios de animación. Y es que, tras la muerte de Walt Disney, que la película hubiera fracasado hubiera supuesto el fin del imperio de Mickey Mouse.
Sin embargo, la película se convierte en todo un fenómeno de masas. Presentada en todo el mundo entre octubre de 1967 y diciembre de 1968 acumularía un total de doscientos millones de dólares de recaudación. El doble que el éxito del año: Bonnie and Clyde. Los estudios se salvan y la película se convierte en un título de culto de manera instantánea, sustituyendo en el imaginario colectivo a la novela de Rudyard Kipling, a semejanza de lo ocurrido con títulos como Pinocho y Blancanieves, que superaron a sus originales en su capacidad de crear una nueva mitología de personajes y relatos. Hoy día sigue considerándose la película uno de los trabajos paradójicos y más extraños de los estudios Disney. Abundancia de decorados impropia de la época y la elaboración más astuta que nadie pueda imaginar fueron algunas de las claves del éxito. Es imposible no imaginar una salva sin un oso que se frota con las palmeras, Shere Khan se convirtió en uno de los malos más emblemáticos de la galería Disney, Kaa hace referencia al mundo de la hipnosis y Bagheera representa la figura paternal protectora que todos los niños idealizan. En resumen, Kipling puso su pluma para ratificar la superioridad del hombre sobre el animal mientras que para Disney es mucho más importante lo que tienen que decir los animales, cuya sabiduría sobrepasa a los humanos.
Mowgli es posiblemente el personaje gris del Libro de la Selva, un personaje más bien soso en comparación con los animales que se presentan delante de nuestros ojos. Difícil resulta ignorar el trabajo de Louis Prime y su participación en el éxito de la película. Ya que si los hermanos Sherman escribieron eso de que “hace falta poco para ser feliz”, el bueno de Luis hizo ese temazo titulado I Wanna Be like you.
“Oh, oobee doo
I wanna be like you
I wanna walk like you
Talk like you, too
You’ ll see it’ s true
Año ape like me
Can learn to be human too”
Pero la película tiene otras anécdotas muy curiosas, por ejemplo, los buitres de la cinta son la imagen de cuatro muchachos que por la época triunfaban con un grupo llamado The Beatles. La canción escrita para estos personajes, “That ’s what friends are for” debía funcionar sobre una base rítmica y un estilo consustancial al grupo inglés. Walt Disney decidió, para darle intemporalidad a la cinta dotar al tema un matiz más borracho y “barbershop” que pop. Sin embargo, el corte grabado por los cuatro buitres se conserva como oro en paño.
Esta obra de 1967 permaneció grabada en la memoria colectiva como una obra de referencia que combinaba la última ingeniería aplicada a la técnica del dibujo, la música, la adaptación literaria y la interpretación. Una película, que como ocurre con El Rey León se atreve con el tema de la iniciación. Cambia un “Bare Necessities” por un “Hakuna Matata” y añade treinta años para darte cuenta que la filosofía que subyace es la misma. En el mismo sentido, los protagonistas que nos encontramos en las selvas animadas actuales cogen mucho de prestado a la película de Wolfgang Reitherman. Sólo tenéis que jugar a las diferencias.
Todo esto viene porque hace algunos meses cayó en mi poder una edición aniversario de la obra que no he podido (volver a) ver hasta hace poco tiempo. Cuarenta años no es nada. Con el tiempo, el trabajo de los estudios Disney están ganando en reconocimiento y dentro de poco diremos que los animadores de esta industria son grandes artistas del siglo pasado. Al fin y al cabo nos han regalado buena parte de las imágenes de la memoria colectiva mundial.


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