El amor, más allá del tiempo. La ilusión se mide con cronómetros. Las esperas se hacen eternas y los encuentros se vuelven pasajeros.
Dos desconocidos juegan a enamorarse, se seducen, se divierten, se aman. Y el juego de seducción se convierte en un partido real. Donde ella sueña con que él acepte sus intrincadas reglas y él intenta moderarse para llegar a la meta sin perder demasiados turnos.
Y la idea de un amor ideal, llega en la vejez, ambos intentan, sospechan, se espían. Vecinos en un edificio, se desean con la ternura con la que sólo se desean los ancianos, se buscan con una desfachatez con la que se buscan quiénes ya no tienen qué perder, se tocan con el miedo de romper algo, que ya estaba frágil, pero con todas las precauciones y con mucho cuidado, se aman de manera desmesurada.
Una cena en un restaurante fino, unas copas de licor a deshora, una caminata, un sueño, un piano sonando acompasado, en el compás que solo entiende el amor. Él resignándose a abandonar las pastillas, a sobrevivir por ella, no por medicamentos, a entender que la vida sigue a través de la ventana de enfrente y que sus sueños no están aun todos cumplidos.
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La película del director Marcos Carnevale, una co-producción española-argentina, narra esta historia, la de dos personas que a una edad fuera de lo común deciden darse el lujo de vivir la aventura de enamorarse. La película queda en manos del español Manuel Alexandre y la uruguaya China Zorrilla (en unos de sus mejores papeles). Ellos representan a Fred y a Elsa, respectivamente. Sus encuentro son magia, son diversión, son locura, son imaginación. El actor que pone en su piel a Fred (Manuel Alexandre) fue nominado al Premio Goya, por mejor actor masculino.

La música de la película, los instantes de silencio, las risas, el llanto, el miedo por jugarse a vivir el mejor momento de su vida. Un sueño los unirá para siempre, un paisaje que ella desea de novelas, una de las pocas verdades que aun conserva bajo el maquillaje que tapa, sin borrar, el correr del tiempo. Un deseo, la Fontana di Trievi, la leche, el gato, su sueño, su momento, el amor de su vida.
Ella es intrépida, hermosamente loca, deseosa de vivir, llena de vértigo, apasionada en la vida a sus jóvenes 82 años aún desea conocer, soñar, contagiar el amor que es el motor de sus días. Elsa, compuesta por China Zorrila, ríe, sueña, mientras espera al gran amor de su vida.
Él, poco más joven que ella, siempre fue un hombre bien, que al quedar viudo se desconcierta, no se encuentra, y la encuentra a ella, llena de vida, y se deja vivir, se deja sonreir, se deja y se deja amar.
Para escuchar la entrevista realizada al director haz click aquí.
Una historia de amor tardío, teñida de paisajes de Roma y de Madrid. Una historia de búsquedas, pero como toda búsqueda, es también una historia de encuentros. De puertas y a la vez de llaves que no tiemblan al abrirlas. Una historia de amor entre vecinos, de sueños compartidos, de una esperanza y de una lucha constante por encontrar la felicidad.
Te quiero (dice ella), él se sonríe, deja la copa, se miran, así de fácil se aman. Los tiempos no cambian, las historias de amor se auto reproducen en la gran pantalla del séptimo arte; pero este director ha encontrado el cómo, el dónde y el con quién, demostrar que cualquier historia de amor, es única, es especial, es completa y genuina.
El calor de las plazas, el sol sobre ellos, travesuras en un restaurante, un corto pero intenso beso en el zaguán, dulces encuentros por las noches y viajes en auto con música al máximo volumen, llenan de adrenalina vidas que ya parecían sumidas en la estabilidad, en el dulce devenir del tiempo.
Elsa y Fred, demuestra que nunca es tarde, si uno vive con ganas. Nunca hay que cerrarle la puerta al amor, cuando él, es nuestro vecino de enfrente. Nunca hay que tener miedo a arriesgarse a ser travieso a los ochenta años. Nunca hay que dejar de perseguir un sueño.
En cualquier lado, puede estar el amor de nuestra vida, en cualquier momento puede cumplirse el sueño que pensabamos que nunca ya, se podría cumplir. Cualquier gato, puede ser el protagonista de nuestro mayor deseo, pero no cualquier hombre puede ser quien consiga a ese cualquier gato. Un vestido de gala puede sentarle más lindo a una señorita que a una dama de la edad de Elsa, pero quizás no cualquier señorita pueda usarlo para cumplir con el momento más deseado de su vida. Cualquier vecina puede intentar enamorarnos, pero no cualquier vecina, nos devolverá la vida.
Una película para llorar, para reirse, para aprender y entender que la felicidad ni el amor tienen fecha de vencimiento. Que no hay lugar ni momento ideal para encontrar al amor de nuestras vidas. Una película que deja enamorado a quien la ve, enamorado de alguien, de la vida o enamorado del amor mismo.
Un impresionante trabajo de guión, una sensibilidad que da placer, unas escenas prolijas, una iluminación intensa, actuaciones divertidas, implacables, soñadas. Todo esto y mucho más es Elsa y Fred, un amor sin fronteras, sin edades, sin fecha de vencimiento. Una historia de amor, para grandes y para chicos, y para todos los que aún no se atreven a amar.

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3 Comentarios en “Elsa y Fred, un amor sin fecha de caducidad”
me encanto me rei tanto como haciA AÑOS QUE NO LO HACIA FELICIDADES
Excelente información… Muy completa!!
Es una pelicula maravillosa, no tengo 82 años, apenas 25, pero me encantaria que mi vida llegara a esa edad o mas y con ese mismo entusiasmo. Me encanto la pelicula. Felicidades!